Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 51
-Larry, siempre te quejas de que anoto mal los
números de los cheques. ¿Por qué dejas de hacerlo?
-No hay ningún motivo. Sólo quería que supieras que
aprecio el esfuerzo que estás haciendo.
Jo Ann meneó la cabeza y volvió a su costura: “¿Qué
le pasará?”, pensó.
No obstante, al día siguiente, cuando Jo Ann hizo un
cheque en el almacén, miró su chequera para
confirmar que había escrito el número de cheque
correcto. “¿Por qué diablos ahora me preocupo tanto
por esos tontos números de cheques?”, se preguntó.
Trató de minimizar el incidente, pero la extraña
conducta de Larry se intensificó.
-Jo Ann, fue una comida excelente –dijo una noche-.
Aprecio todo tu esfuerzo. Vaya, en los últimos quince
años, apuesto a que preparaste más de catorce mil
comidas para mí y los chicos.
Después:
-Qué bueno, Jo Ann, la casa está espléndida.
Realmente has trabajado mucho para tenerla así.
O incluso:
-Gracias, Jo Ann, por ser como eres. Realmente me
encanta tu compañía.
Jo Ann estaba cada vez más preocupada. “¿Dónde
está el sarcasmo, la crítica?”, se preguntaba.
Sus miedos de que algo raro le ocurría a su marido
fueron confirmados por Shelley, su hija de dieciséis
años, que se lamentó diciendo: