Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 48
por nerviosismo, tal vez fue porque, cuando dos
personas se acercan mucho, cuesta no sonreír. Sea
como fuere, sonreí. En ese instante, fue como si una
chispa hubiera saltado la brecha entre nuestros dos
corazones, nuestras dos almas humanas. Sé que él no
quería, pero mi sonrisa atravesó los barrotes y generó
otra sonrisa en sus labios. Me encendió el cigarrillo
pero se quedó cerca, mirándome directamente a los
ojos y sin dejar de sonreír.
“Seguí sonriéndoles, consciente de él ahora como
persona y no ya sólo como carcelero. Y su mirada
pareció adquirir una nueva dimensión. “¿Tienes
hijos?”, preguntó.
“Sí, aquí, aquí”. Saqué mi billetera y busqué
tembloroso las fotos de mi familia. Él también sacó las
fotos de sus niños y empezó a hablar sobre sus planes
y esperanzas con respecto a ellos. Se me llenaron los
ojos de lágrimas. Dije que temía no volver a ver a mi
familia, no tener la oportunidad de verlos crecer. A él
también se le llenaron los ojos de lágrimas.
“De pronto, sin decir una palabra, abrió la celda y en
silencio me llevó afuera. Salimos de la cárcel, y,
despacio y por calles laterales, salimos de la ciudad.
Allí, a la orilla de la ciudad, me liberó. Y sin decir una
palabra, regresó a la ciudad.
“Una sonrisa me salvó la vida”.