Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 42

-No, mi querido amigo, y no estoy tomándole el pelo. Admiro la forma en que se mantiene sereno con este tránsito pesado. -Sí –dijo el taxista y arrancó. -¿Qué significa esto? –pregunté. -Estoy tratando de que vuelva el amor a Nueva York –dijo-. Creo que es lo único que puede salvar a esta ciudad. -¿Cómo puede salvar a Nueva York un solo hombre? -No es un solo hombre. Creo que a ese taxista le alegré el día. Supón que hace veinte viajes. Va a ser amable con esos veinte pasajeros porque alguien fue amable con él. Esos pasajeros a su vez serán más atentos con sus empleados o con los vendedores o mozos, o incluso con sus propias familias. Finalmente, la buena voluntad puede llegar a difundirse por lo menos a mil personas. No está mal, ¿no? -Pero dependes de que ese taxista pase tu buena voluntad a otros. -Yo no dependo de eso –dijo mi amigo. Soy consciente de que el sistema no es a prueba de idiotas, o sea que hoy debería abordar a unas diez personas. Si de las diez, puedo hacer felices a tres, a la larga puedo influir indirectamente en las actitudes de tres mil más. -Suena bien en teoría –admití-, pero no estoy seguro de que en la práctica funcione. -Si no es así, no se pierde nada. Decirle a este hombre que estaba haciendo bien su trabajo no me