Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 230

“Mis padres siempre me enseñaron que sería todo lo discapacitado que quisiera ser –contaba Roger-. Nunca me permitieron sentir lástima por mí o sacar ventaja de la gente debido a mi incapacidad. Una vez, tuve problemas porque entregaba mis trabajos escolares siempre tarde –explicaba Roger, quien tenía que sostener el lápiz con las dos “manos” para escribir con lentitud-. Le pedí a papá que escribiera una nota a mis profesores, pidiéndoles una ampliación de dos días para hacer mis tareas. ¡Lo que hizo papá fue obligarme a empezar los trabajos dos días antes! El padre de Roger siempre lo alentó a participar en deportes, y le enseñó a atrapar y arrojar la pelota de vóley y a jugar al fútbol después del colegio. A los doce años, Roger ganó un lugar en el equipo de fútbol americano del colegio. Antes de cada partido, Roger visualizaba su sueño de marcar un tanto. Y un día tuvo su oportunidad. La pelota aterrizó en sus brazos y corrió lo más rápido que podía con su pierna artificial hasta la meta, escuchando el aliento caluroso de su entrenador y sus compañeros de equipo. Pero al acercarse a la meta, un chico del otro equipo lo interceptó agarrándole el tobillo izquierdo. Roger trató de liberar su pierna artificial pero terminó quitándosela. “Seguía de pie –recuerda-. No sabía qué hacer así que seguí saltando hacia la meta. El referí corrió y levantó los brazos. ¡Gol! Más que los seis puntos, lo increíble