Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 223
Ruben era un hombre encantador que le compraba a
todo el mundo. Le había prometido a Vivian que no
compraría más publicidad. Simplemente, trataba de
cumplir la promesa que le había hecho. Si hubiera
consultado a otros en la ciudad, tal vez me habría
enterado de que tendría que haber hablado desde el
primer momento con la Sra. Ahlman. Esa conversación
en los bancos del mostrador fue un momento decisivo.
Mi negocio de publicidad prosperó y llegó a tener
cuatro oficinas, con doscientos ochenta y cinco
empleados que atendían cuatro mil cuentas
permanentes.
Más adelante, cuando el Sr. Ahlman modernizó el
negocio y sacó el mostrador, mi encantador marido,
Bob, lo compró y lo instaló en mi oficina. Si usted
estuviera aquí en California, nos sentaríamos juntos en
los bancos junto al viejo mostrador. Yo le serviría una
gaseosa y le diría que nunca se diera por vencido, que
recordara que la ayuda está siempre mucho más cerca
de lo que creemos.
Además le diría que si no puede comunicarse con una
persona clave, busque más información. Pruebe por
otro camino. Trate de encontrar a alguien que pueda
hablar por usted y lo avale. Y, por último, le serviría
estas palabras chispeantes y refrescantes de Bill
Marriott, de los Hoteles Marriott:
¿Fracaso? Nunca lo viví.