Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 216

-Grave. Cuando el agua lo levantó, la punta de la tabla le dio en el ojo. Mike lo llevó a toda velocidad a la sala de guardia y allí lo derivaron al consultorio de un cirujano plástico. Recibió veintiséis puntadas, desde el rabillo del ojo hasta el puente de la nariz. En el momento en que a Dan le cosían el ojo, yo regresaba de regreso a casa en avión, luego de dar unas charlas. Mike fue directamente al aeropuerto al salir del consultorio médico. Me saludó en la puerta y me dijo que Dan estaba esperando en el auto. -¿Daniel? –pregunté. Recuerdo que pensé que ese día las olas seguramente habían estado agresivas. -Tuvo un accidente, pero estará bien. La peor pesadilla de una madre que viaja por trabajo se había hecho realidad. Corrí hasta el auto tan rápido que se me rompió el taco del zapato. Abrí violentamente la puerta y mi hijo menor, con el ojo emparchado alargó los brazos y me gritó: -Oh, mamá, me alegra que estés de vuelta. Sollocé en sus brazos diciéndole lo mal que me sentía por no haber estado cuando llamó el guardavidas. -Está bien, mamá –me consoló. De todos modos, no sabes hacer surf. -¿Qué? –pregunté, confundida por su lógica. -Estaré bien. El doctor dice que puedo volver al agua en ocho días.