Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 209

golpeara las piernas. En cuarto grado, su maestra lo llamaba a leer y dejaba que los minutos de silencio se sumaran hasta que el niño tenía la impresión de ahogarse. Después pasaba al grado siguiente y al otro. John Corcoran nunca repitió un año. En el último año, John fue elegido rey de la fiesta anual, pronunció el discurso de despedida y participó en el equipo de básquetbol. Su madre le dio un beso cuando se graduó y empezó a hablar sin cesar de la universidad. ¿La universidad? Era una locura de sólo pensarlo. Pero finalmente decidió ir a la Universidad de Texas en El Paso donde podría tratar de integrar el equipo de básquetbol. Respiró hondo, cerró los ojos... y volvió a cruzar las líneas enemigas. En la universidad, John le preguntaba a cada nuevo amigo: ¿qué profesores daban monografías? ¿cuáles “multiple choice”?. Apenas salía de la clase, rompía las hojas de garabatos de su cuaderno por si alguien le pedía que le mostrara sus apuntes. Miraba gordos libros de texto en la noche para que su compañero de cuarto no sospechara. Y se acostaba, exhausto pero incapaz de dormir, incapaz de frenar su mente convulsionada. John prometió que iría a misa treinta días seguidos, al alba, si Dios le permitía recibirse. Obtuvo su diploma. Le dio sus treinta días de misa a Dios. ¿Y? Tal vez era adicto al incentivo. Tal vez la cosa respecto de la cual más inseguro se sentía –su