Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 186

-Oh –dije-, eso es terrible. No, claro, estás muy preocupada con las ratas y tus hijos. ¿Qué puedes hacer al respecto? -Bueno, podría usar un nuevo tejido en la puerta, porque mi puerta tiene agujeros. -¿Hay alguien aquí que sepa arreglar un tejido? – pregunté. En el grupo había un hombre y dijo: -Hace mucho tiempo yo hacía ese tipo de cosas pero ahora tengo muy mal la espalda. Con todo, trataré de hacerlo. Le dije que, si podía ir a la tienda a comprar tejido y después arreglar la puerta de la señora, yo tenía algo de dinero. -¿Crees que podrás hacerlo? -Sí, lo intentaré. Una semana más tarde, cuando el grupo ya estaba sentado, le dije a la mujer: -Bueno, ¿ya está arreglada tu puerta? -Oh, sí –dijo. -Entonces empecemos a soñar, ¿no? –me dirigió una especie de sonrisa-. ¿Cómo te sientes? –le dije al hombre que había hecho el trabajo. -Bien, sabes –dijo-, es algo divertido. Empiezo a sentirme muchísimo mejor. Eso ayudó a que el grupo empezara a soñar. Estos éxitos, insignificantes en apariencia permitieron que el grupo viera que los sueños no eran una locura. Estos