Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | страница 179
yendo la mano. Se quedó cerca. Iba y venía frente al
panel de vidrio de la cabina de Rock. Mientras
caminaba, pensaba para sí mismo: “¡Bebe, Rock,
bebe!”
Les tenía hambre y estaba listo. Habría corrido a
buscar más alcohol si Rock se lo hubiera pedido.
Cuando sonó el teléfono, Les se precipitó sobre él. Era
el gerente de la radio, como ya suponía.
-Les, habla el Sr. Klein.
-Sí –dijo Les-. Ya sé.
-Les, no creo que Rock pueda terminar su programa.
-Sí, señor, lo sé.
-¿Podrías llamar a alguno de los otros animadores
para que lo reemplace?
-Sí, señor, claro que sí.
Pero cuando colgó el auricular, Les se dijo a sí
mismo: “Diablos, van a pensar que estoy loco”.
Les marcó el número, pero no fue para llamar a otro
animador. Llamó primero a su madre y después a su
novia.
-¡Ve a la galería y enciende la radio porque estoy
por salir al aire! –dijo.
Esperó unos quince minutos antes de llamar al
gerente general.
-Señor Klein, no encuentro a nadie –dijo Les.
El Sr. Klein le preguntó entonces:
-Muchacho, ¿sabes cómo manejar los controles en el
estudio?