Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 177

A la noche, se llevaba la radio de transistores a la cama donde escuchaba los programas de música de onda. Creaba una emisora de radio imaginaria en su pequeño cuarto con su piso de vinílico arruinado. Un cepillo para el pelo le servía de micrófono mientras practicaba su charla para presentar los discos a sus oyentes fantasmas. La madre y el hermano lo oían a través de las paredes delgadas y le gritaban que dejara de parlotear y se fuera a dormir. Pero no les hacía caso. Estaba en su propio mundo, vivía su sueño. Un día, durante su pausa de mediodía en su tarea de cortar el césped para el municipio, Les fue con valentía a la radio local. Llegó a la oficina del gerente de la emisora y le dijo que quería ser disc jockey. El gerente miró a este muchacho desaliñado, vestido con mameluco y sombrero de paja y preguntó: -¿Tienes algún antecedente en radiodifusión? -No, señor, no –respondió Les. -Bueno, hijo, me temo que no tenemos trabajo para ti, entonces. Les le dio las gracias cortésmente y se fue. El gerente de la radio supuso que había visto a ese muchacho por última vez. Pero subestimó la seriedad del empeño de Les Brown en lograr su objetivo. En realidad, Les tenía una meta mayor que simplemente querer ser disc jockey. Quería comprar una casa más linda para su madre adoptiva, a la que quería