Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 167
directivos. Quería ser la primera mujer en el
directorio de esa empresa).
Unas ocho semanas más tarde, iba por una carretera
de California, pensando en mis cosas a las diez y
media de la mañana. De pronto, me pasó un estupendo
Cadillac rojo y blanco. Miré el auto porque era
lindísimo. Y el conductor me miró y sonrió, y yo le
devolví la sonrisa porque siempre sonrío. Claro que
me metí en un problema. ¿Alguna vez hizo algo así?
Traté de fingir que no había mirado. “¿Quién, yo? ¡Yo
no te miré!” Me siguió veinticinco kilómetros. ¡Me
asusté terriblemente! Yo avanzaba, él avanzaba.
Estacionaba, él estacionaba... y ¡al final me casé con
él!
Al día siguiente de nuestra primera cita, Jim me
envió un ramo de rosas. Entonces, descubrí que tenía
un hobby. Su hobby era coleccionar brillantes.
¡Grandes! Y buscaba alguien para lucirlos. ¡Me ofrecí
de voluntaria! Salimos durante casi dos años y todos
los lunes a la mañana recibía de él una rosa roja de
tallo largo y una nota.
Unos tres meses antes de casarnos, Jim me dijo:
“Encontré el lugar ideal para nuestra luna de miel.
Iremos a la isla St. John, en el Caribe”. Riéndome,
contesté: “¡Nunca se me hubiera ocurrido!”.
No le confesé la verdad sobre mi libro de fotos hasta
casi un año después de casados. Fue entonces cuando