canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 72

literatura fantástica
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Juego de tronos

CATELYN

Ya habían transcurrido ocho días desde que Ned y las niñas se fueron de Invernalia cuando el maestre Luwin fue a verla de noche al cuarto de Bran, llevando con él una lamparilla y los libros de contabilidad.
— Ya es hora de que repaséis las cuentas, mi señora— dijo—. Tenéis que saber cuánto nos ha costado esta visita regia.
Catelyn contempló a Bran en el lecho y le apartó el cabello de la frente. Se dio cuenta de que le había crecido mucho. Pronto tendría que cortárselo.
— No me hace falta ver las cifras, maestre Luwin— replicó sin apartar los ojos del niño—. Ya sé lo que nos ha costado la visita. Llévate esos libros fuera de mi vista.
— Mi señora, el séquito real gozaba de un apetito muy saludable. Tenemos que reabastecer las despensas antes de...— He dicho que os llevéis esos libros— lo interrumpió—. El mayordomo se encargará de eso.— No tenemos mayordomo— le recordó el maestre Luwin. Catelyn pensó que era como una rata gris; no la iba a dejar escapar—. Poole se ha ido al sur para ocuparse de la casa de Lord Eddard en Desembarco del Rey.— Ah, sí, ya lo recuerdo— asintió Catelyn, distraída. Bran estaba muy pálido. Pensó que debería acercar más la cama a la ventana, para que le diera el sol de la mañana. El maestre Luwin puso la lamparilla en un nicho junto a la puerta y jugueteó con el pábilo, inquieto.— Tenéis que prestar atención de inmediato al tema de los nombramientos, mi señora. Además del mayordomo, necesitamos un capitán de los guardias para ocupar el puesto de Jory, un caballerizo... Catelyn volvió la mirada con brusquedad y la fijó en él.—¿ Un caballerizo?— su voz restalló como un latigazo.— Sí, mi señora.— El maestre estaba aturdido—. Hullen se marchó al sur con Lord Eddard, así que...
— Mi hijo yace en una cama, Luwin, está destrozado, se muere, ¿ y quieres que me dedique a pensar en un nuevo caballerizo? ¿ Crees que me importa lo que pasa en los establos? ¿ Crees que me preocupa lo más mínimo? De buena gana mataría hasta el último caballo de Invernalia con mis manos si eso sirviera para que Bran abriera los ojos, ¿ lo entiendes? ¿ Lo entiendes?— Sí, mi señora.— El hombre inclinó la cabeza—. Pero los nombramientos...— Yo me encargaré de los nombramientos— dijo Robb. Catelyn no lo había oído llegar, pero estaba en la puerta, mirándola. Con un repentino ramalazo de vergüenza se dio cuenta de que había estado gritando. ¿ Qué le pasaba? Estaba agotada, y le dolía la cabeza constantemente. El maestre Luwin miró a Catelyn, luego a su hijo.— He preparado una lista con todas las personas que deberíamos tener en cuenta para ocupar las vacantes— dijo al tiempo que tendía a Robb el papel que se había sacado de la manga. El muchacho repasó los nombres. Catelyn advirtió que venía del exterior; tenía las mejillas enrojecidas por el frío y el viento le había revuelto el pelo.— Excelentes hombres— dijo—. Mañana hablaremos de ellos.— Le devolvió la lista. El maestre Luwin la hizo desaparecer rápidamente en la manga.— Como digáis, mi señor.— Ahora, déjanos solos— indicó Robb. El hombre hizo una reverencia y salió de la estancia. Robb cerró la puerta y se volvió hacia su madre. Catelyn vio que llevaba una espada.—¿ Qué haces, madre? Catelyn había pensado siempre que Robb se parecía a ella. Tenía la complexión de los Tully, el mismo pelo castaño, los mismos ojos azules, igual que Bran, Rickon y Sansa. Pero también en más de una ocasión había visto algo de Eddard Stark en su rostro, algo tan severo y duro como el norte.
—¿ Que qué hago?— repitió asombrada—. ¿ Cómo puedes preguntarme eso? ¿ Tú qué crees? Estoy cuidando de tu hermano. De Bran.
—¿ De verdad? No has salido de esta habitación desde que resultó herido. Ni siquiera fuiste a la entrada del castillo cuando mi padre y las chicas se fueron al sur.— Los despedí aquí, y los vi partir por la ventana.