canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 424
literatura fantástica
Juego de tronos
—¿Y Lysa? —Una ráfaga de brisa le agitó el fino cabello blanco—. Los dioses son generosos,
tu hermana... ¿ha venido ella también?
—No. Lo siento... —Parecía tan deseoso, tan lleno de esperanza, que le había costado decir la
verdad.
—Ya. —Una parte de la luz desapareció de sus ojos—. Tenía la esperanza... me habría
gustado volver a verla, antes de...
—Está con su hijo, en el Nido de Águilas.
Lord Hoster asintió, cansado.
—Lord Robert, ahora que el pobre Arryn ha muerto... lo sé... ¿por qué no ha venido contigo?
—Está asustada, mi señor. En el Nido de Águilas se siente a salvo. —Le besó la frente
arrugada—. Robb debe de estar esperando. ¿Quieres verlo? ¿Y a Brynden?
—Tu hijo —susurró—. Sí. El chico de Cat... recuerdo que tenía mis ojos. Cuando nació. Que
pase... sí.
—¿Y tu hermano?
—El Pez Negro —dijo su padre mirando los ríos—. ¿Se ha casado ya? ¿Tiene... esposa?
«Hasta en su lecho de muerte», pensó Catelyn con tristeza.
—No, padre, no se ha casado, ya lo sabes. Y no se casará jamás.
—Se lo dije... se lo ordené. Le ordené que se casara. ¡Yo era su señor! Lo sabe. Tenía derecho
a elegirle una esposa. Una buena esposa. Una Redwyne. Una Casa antigua. Buena chica, y bonita...
con pecas... Bet-hany, sí. Pobrecilla. Sigue esperando. Sí. Sigue...
—Bethany Redwyne se casó con Lord Rowan hace años —le recordó Catelyn—. Tiene tres
hijos.
—Aun así —murmuró Lord Hoster—. Despreció a la chica. A los Redwyne. A mí. Era su
señor, su hermano... ese Pez Negro. Yo tenía otras ofertas. La hija de Lord Bracken. La de Walder
Frey... cualquiera de las tres, le dije... ¿se ha casado? ¿Con alguna? ¿La que sea?
—No —respondió Catelyn—, pero Tía cabalgado muchas leguas para venir a verte, ha
peleado para recuperar Aguasdulces. Sin la ayuda de Ser Brynden, yo no habría llegado hasta aquí.
—Siempre fue un guerrero —susurró su padre—. Eso sí. El Caballero de la Puerta. —Se
recostó, y cerró los ojos con un cansancio infinito—. Que pase. Luego. Ahora voy a dormir. Estoy
demasiado enfermo para pelear. Que entre más tarde el Pez Negro.
Catelyn le dio un beso en la frente, le acarició el pelo y lo dejó allí, a la sombra de su
fortaleza, con sus ríos corriendo a sus pies. Antes de que saliera de la estancia ya estaba dormido.
Volvió al patio inferior. Ser Brynden Tully seguía en las escaleras del agua, con las botas
mojadas, hablando con el capitán de la guardia de Aguasdulces. Enseguida corrió hacia ella.
—¿Está...?
—Moribundo —dijo—. Como temíamos.
—¿Me recibirá? —El rostro arrugado de su tío mostró claramente el dolor que sentía. Se pasó
los dedos por el espeso pelo gris.
Catelyn asintió.
—Dice que está demasiado enfermo para pelear.
—Y yo soy un soldado demasiado viejo para creérmelo. —Brynden Pez Negro dejó escapar
una risita—. Hoster me seguirá echando en cara lo de la hija de Redwyne incluso cuando encendamos
su pira funeraria, malditos sean sus huesos.
Catelyn sonrió, sabía que era verdad.
—No veo a Robb.
—Creo que ha ido a la sala principal, con Greyjoy.
Theon Greyjoy estaba sentado en un banco del Salón Principal de Aguasdulces, disfrutando de
un cuerno de cerveza y deleitando a los hombres de su padre con el relato de la carnicería que había
tenido lugar en el Bosque Susurrante.
—Algunos trataron de escapar, pero habíamos cerrado las salidas del valle en los dos
extremos, y salimos a caballo como de la oscuridad, con las espadas y las lanzas. Los Lannister
debieron de pensar que los atacaban los Otros en persona, y más cuando el lobo de Robb saltó sobre
ellos. Yo mismo lo vi arrancarle el brazo a un hombre, y sus caballos se volvieron locos en cuanto lo
olieron. Ni sé cuántos hombres rodaron por tierra...
—Theon —lo interrumpió—, ¿dónde está mi hijo?
—Lord Robb ha ido a visitar el bosque de dioses, mi señora.
Era lo mismo que habría hecho Ned.
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