canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Seite 376
literatura fantástica
Juego de tronos
reflejada en las puntas de sus lanzas, como si del risco descendieran un millar de fuegos fatuos
envueltos en llamas plateadas.
Parpadeó, y volvieron a ser hombres, que bajaban a toda prisa para matar o morir.
Más adelante no podría decir que había presenciado la batalla. En cambio sí la oyó, y el valle
se llenó con sus ecos. El crujir de una lanza rota, el fragor de las espadas, los gritos de «¡Lannister!»,
«¡Invernalia!» y «¡Tully! ¡Aguasdulces y Tully!». Cuando comprendió que ya no vería nada más,
cerró los ojos y escuchó. Fue como si el combate tuviera lugar a su alrededor. Oyó cascos de caballos,
botas de hierro chapoteando en las aguas bajas, el crujido de los escudos de roble bajo las espadas, el
choque del acero contra el acero, el silbido de las flechas, el sonido de los tambores, los relinchos
aterrados de un millar de caballos... Los hombres gritaban maldiciones y suplicaban piedad, y la
obtenían (o no), y vivían (o morían). Los riscos ejercían un extraño efecto sobre los sonidos. En cierta
ocasión oyó la voz de Robb tan claramente como si lo tuviera al lado. «¡A mí! ¡A mí!», gritaba. Y oyó
también el gruñido de su lobo huargo, el chasquido de aquellos dientes largos al cerrarse, el sonido de
la carne que se rasgaba, los chillido