canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Página 372

literatura fantástica Juego de tronos trescientos montañeses que habían entrado en combate con Tyrion Lannister apenas si había sobrevivido la mitad. Dejó que los vivos se ocuparan de los muertos, envió a Bronn a hacerse cargo del caballero cautivo, y fue en busca de su padre. Lord Tywin estaba sentado junto al río, bebiendo vino de una copa adornada con piedras preciosas, mientras su escudero le quitaba la coraza. —Hermosa victoria —comentó Ser Kevan al ver a Tyrion—. Tus salvajes han luchado muy bien. Los ojos de su padre estaban clavados en él. Eran de un color verde claro con puntos dorados, y tan gélidos que sintió un escalofrío. —¿Te ha sorprendido, padre? —preguntó—. ¿Te ha descabalado los planes? Porque se suponía que iban a matarnos a todos, ¿no? —Es cierto, situé a la izquierda a los hombres menos disciplinados. —Lord Tywin apuró la copa, con rostro inexpresivo—. Había previsto que no resistirían. Robb Stark no es más que un crío inexperto, con más valor que inteligencia. Tenía la esperanza de que, si veía derrumbarse el flanco izquierdo, intentaría atacar por ahí para derrotarnos. Las picas de Ser Kevan lo rodearían, lo atacarían y lo acorralarían contra el río mientras llegaba yo con la retaguardia. —Y te pareció que lo mejor era colocarme en medio de esa carnicería, sin hacerme partícipe de tus planes. —Una flaqueza fingida resulta menos convincente —replicó su padre—. Y no acostumbro a comunicar mis planes a hombres que se relacionan con salvajes y mercenarios. —Lástima que mis salvajes te estropearan el baile. —Tyrion se quitó el guantelete de acero y lo dejó caer al suelo. El dolor que le recorrió el brazo le retorció el rostro. —El chico Stark ha resultado muy cauteloso para su edad —admitió Lord Tywin—. Pero una victoria es una victoria. Parece que estás herido. —Eres muy perspicaz, padre —dijo Tyrion con los dientes apretados. Tenía el brazo derecho empapado de sangre—. ¿Te importaría que me atendiera uno de tus maestres? A menos que quieras tener un hijo enano y manco... —Lord Tywin —gritó alguien de forma apremiante, e hizo que su padre se volviera antes de responder. Tywin Lannister se puso en pie inmediatamente, mientras Ser Addam Marbrand desmontaba de un salto. De la boca del animal brotaba una espuma sanguinolenta. Ser Addam hincó una rodilla en tierra. Era un hombre alto y delgado, de cabello cobrizo oscuro que le caía sobre los hombros, llevaba una armadura de bronce bruñido con el árbol en llamas que era el emblema de su casa grabado en negro sobre la coraza—. Nos hemos apoderado de algunos de sus comandantes, mi señor: Lord Cerwyn, Ser Wylis Manderly, Harrion Karstark, y cuatro de los Frey. Lord Hornwood ha muerto, y me temo que Roose Bolton se nos ha escapado. —¿Y el chico? —preguntó Lord Tywin. Ser Addam titubeó. —El joven Stark no iba con ellos, mi señor. Dicen que cruzó por los Gemelos con la mayor parte de los jinetes, y que en estos momentos cabalga hacia Aguasdulces. «Un crío inexperto —recordó Tyrion—. Con más valor que inteligencia.» Si no le hubiera dolido tanto, se habría echado a reír. 372