literatura fantástica
Juego de tronos
Mosteen Frey, Ser Danwell Frey, y el hijo bastardo de Lord Walder, Ronel Ríos, al mando de una columna de hombres armados con picas, todos con cotas de mallas de acero azul y capas color gris plateado. Robb se adelantó al galope para recibirla. Viento Gris corría al lado de su semental.— Ya está— dijo a su hijo—. Lord Walder te da permiso para cruzar. Sus espadas están a tus órdenes, a excepción de cuatrocientos hombres que se quedarán aquí para defender los Gemelos. Te sugiero que dejes tú también a cuatrocientos hombres, entre arqueros y espadachines. No creo que ponga objeciones... pero asegúrate de que das el mando a alguien en quien confíes. Puede que haga falta que ayude a Lord Walder a conservar la fe.
— Como tú digas, madre— respondió Robb al tiempo que miraba a los hombres armados con picas—. ¿ Qué te parece... Ser Helman Tall-hart?— Buena elección.—¿ Qué... qué quiere él de nosotros?— Si puedes prescindir de unas cuantas espadas, necesito que algunos hombres escolten a dos de los nietos de Lord Frey hasta Invernalia— respondió—. He accedido a acogerlos como pupilos. Son niños pequeños, uno de ocho años y otro de siete. Por lo visto los dos se llaman Walder. Así tu hermano Bran tendrá muchachos de su edad que le hagan compañía.—¿ Nada más? ¿ Dos pupilos? Es un precio bajo para...— El hijo de Lord Frey, Olyvar, vendrá con nosotros— siguió—. Será tu escudero personal. Su padre desea que, cuando llegue el momento, sea nombrado caballero.— Un escudero.— Se encogió de hombros—. Bien, muy bien, si es...— Además, si tu hermana Arya vuelve sana y salva tendrá que casarse con el hijo más joven de Lord Walder, Elmar, en cuanto los dos alcancen la mayoría de edad.— A Arya no le va a hacer la menor gracia.— Robb se había quedado perplejo.— Y cuando acabe la batalla, tú tendrás que casarte con una de sus hijas— terminó Catelyn—. Ha accedido generosamente a que elijas tú mismo a la que más te guste. Tiene muchas.— Ya veo.— Robb ni siquiera parpadeó.—¿ Accedes?—¿ Puedo negarme?— Si quieres cruzar, no.— Entonces, accedo— respondió Robb con solemnidad. Nunca le había parecido tan mayor como en aquel momento. Un niño podía jugar con espadas, pero hacía falta ser un auténtico señor para acceder a un matrimonio de conveniencia, con todo lo que ello significaba.
Cruzaron el puente al anochecer, bajo una luna creciente que parecía flotar sobre el río. La doble columna atravesó la puerta de la torre este como una gran serpiente de acero, desapareció en el interior, atravesó el puente, y salió de nuevo a la noche tras pasar por la torre oeste.
Catelyn iba a la cabeza de la serpiente, con su hijo, su tío Ser Bryn-den, y Ser Stevron Frey. Los seguían nueve décimas partes de los hombres a caballo, entre caballeros, lanceros, arqueros y jinetes libres. Tardaron horas en cruzar. Catelyn no olvidaría nunca el retumbar de los cascos de los animales contra el puente levadizo, la imagen de Lord Walder Frey que los observaba desde su litera ni el brillo de los ojos que los miraban desde las troneras.
La mayor parte del ejército norteño, hombres armados con picas, arqueros y guerreros a pie, permaneció en la orilla este bajo el mando de Roose Bolton. Robb le había ordenado que siguiera avanzando hacia el sur, para enfrentarse al poderoso ejército Lannister que avanzaba hacia el norte bajo el mando de Lord Tywin.
Para bien o para mal, su hijo había tirado los dados.
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