canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 344
literatura fantástica
Juego de tronos
CATELYN
A medida que el ejército bajaba por el camino, entre las ciénagas negras del Cuello, y se abría
al llegar a las tierras del río, los temores de Catelyn aumentaban. Ocultaba sus miedos tras un rostro
sereno e inexpresivo, pero allí estaban, y crecían con cada legua de trayecto. Se pasaba los días
ansiosa, las noches inquieta, y cada vez que veía volar un cuervo apretaba los dientes.
Temía por su señor padre, y su silencio ominoso la llenaba de dudas. Temía por su hermano
Edmure, y rezaba a los dioses para que velaran por él si tenía que enfrentarse en combate al
Matarreyes. Temía por Ned y por las niñas, y por el dulce muchachito que había dejado en Invernalia.
Pero no podía hacer nada por ninguno de ellos, de manera que intentaba apartarlos de sus
pensamientos.
«Debes conservar las fuerzas para Robb —se dijo—. Es el único al que puedes ayudar. Debes
ser tan fiera y dura como el norte, Catelyn Tully. Ahora debes ser una verdadera Stark, como tu hijo.»
Robb cabalgaba a la cabeza de la columna, bajo el estandarte blanco de Invernalia. Cada día
invitaba a uno de los señores a unirse a él, de manera que pudieran conferenciar por el camino.
Honraba por turnos a todos los hombres, sin favoritismos, y los escuchaba igual que había hecho su
padre, siempre sopesando las palabras de cada uno contra las de los demás.
«Ha aprendido mucho de Ned —pensaba Catelyn al mirarlo—. Pero, ¿será suficiente?»
El Pez Negro había elegido cien hombres y cien caballos veloces, y se había adelantado para
ocultar sus movimientos y examinar el camino. Los informes que trajeron de vuelta los jinetes de Ser
Brynden no la tranquilizaron en absoluto. Las huestes de Lord Tywin estaban a varios días de camino
hacia el sur... pero Walder Frey, señor del Cruce, había reunido a casi cuatro mil hombres en sus
castillos del Forca Verde.
—Otra vez tarde —murmuró Catelyn al enterarse. Maldito hombre, era otra vez como en el
Tridente. Su hermano Edmure había convocado a los vasallos; Lord Frey debería haberse unido al
ejército de los Tully en Aguasdulces, pero seguía en el Forca Verde.
—Cuatro mil hombres —repitió Robb, más perplejo que airado—. Lord Frey no pensará
enfrentarse solo a los Lannister. Sin duda pretende unirse a nuestro ejército.
—¿Tú crees? —replicó Catelyn. Se había adelantado para cabalgar con Robb y con Robett
Glover, su acompañante de aquel día. La vanguardia se extendía a sus espaldas como un lento bosque
de lanzas, picas y estandartes—. Yo no estaría tan segura. Nunca esperes nada de Walder Frey, así te
ahorrarás sorpresas.
—Es vasallo de tu padre.
—Hay hombres que se toman sus juramentos más en serio que otros, Robb. Y las relaciones
de Lord Walder con Roca Casterly siempre fueron más amistosas de lo que a mi padre le habría
gustado. Uno de sus hijos está casado con la hermana de Tywin Lannister. Cierto que eso no significa
gran cosa. Lord Walder ha tenido gran número de hijos, y con alguien había que casarlos, pero...
—¿Teméis que piense traicionarnos y ayudar a los Lannister, mi señora? —preguntó Robett
Glover, muy serio.
—Para ser sincera —contestó Catelyn con un suspiro—, dudo que el propio Lord Frey sepa
cuáles son las intenciones de Lord Frey. Tiene la cautela de un anciano y la ambición de un joven, y
astucia nunca le ha faltado.
—Necesitamos los Gemelos, madre —dijo Robb con vehemencia—. No hay otra manera de
cruzar el río. Lo sabes igual que yo.
—Sí. Y también lo sabe Walder Frey, puedes estar seguro.
Aquella noche acamparon en el límite sur de los pantanos, a mitad de trayecto entre el camino
real y el río. Allí los encontró Theon Greyjoy cuando fue a llevarles nuevas noticias de su tío.
—Ser Brynden me envía a deciros que ya ha cruzado espadas con los Lannister. Hay una
docena de exploradores que no volverán para informar a Lord Tywin a corto plazo... ni nunca. —
Sonrió—. Ser Addam Marbrand está al mando de su avanzadilla, y se retira hacia el sur, quemándolo
todo a su paso. Sabe aproximadamente dónde nos encontramos, pero dice el Pez Negro que, cuando
nos dividamos, no se enterará.
—A menos que Lord Frey se lo diga —señaló Catelyn—. Theon, cuando vuelvas con mi tío,
dile que sitúe a sus mejores arqueros en torno a los Gemelos, día y noche, con orden de abatir
cualquier cuervo que salga de sus almenas. No quiero que ninguno lleve noticias a Lord Tywin sobre
los movimientos de mi hijo.
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