literatura fantástica
Juego de tronos
Al pensar en Jon, Ned sintió una vergüenza profunda, y un dolor más allá de las palabras. Ojalá pudiera ver al muchacho otra vez, sentarse, hablar con él... El dolor le recorrió la pierna como un latigazo bajo la escayola sucia. Hizo una mueca, y abrió y cerró los dedos, impotente.—¿ Este plan es cosa vuestra?— preguntó a Varys—. ¿ O es también cosa de Meñique?— Antes de aliarme con Meñique me casaría con la Cabra Negra de Qohor— Aquello había hecho sonreír al eunuco—. Meñique es el segundo hombre más retorcido de los Siete Reinos. Oh, por supuesto que le transmito rumores, los que a mí me interesan, y los necesarios para que crea que le soy leal... igual que permito que Cersei piense que soy leal a ella.— E igual que me lo hicisteis creer a mí. Decidme, Lord Varys, ¿ a quién servís en realidad?— Al reino, mi buen señor— contestó Varys con una sonrisa—, no lo dudéis. Os lo juro por mi virilidad perdida. Sirvo al reino, y el reino necesita paz.— Apuró el último trago de vino y tiró el pellejo vacío a un rincón—. Decidme, Lord Eddard, ¿ cuál es vuestra respuesta? Dadme vuestra palabra de que, cuando la reina venga a veros, le diréis lo que quiere oír.
— Si lo hiciera, mi palabra sería tan hueca como una armadura vacía. No valoro mi vida tanto como para eso.
— Lástima— suspiró el eunuco—. ¿ Qué hay de la vida de vuestra hija, mi señor? ¿ Cuánto la valoráis?— Mi hija...— El corazón se le heló a Ned en el pecho.— No pensaréis que he olvidado su dulce inocencia, ¿ verdad, mi señor? Desde luego la reina no la ha olvidado.— No— suplicó Ned, con la voz rota—. Varys, por los dioses, haced lo que queráis conmigo, pero dejad a mi hija fuera de vuestros planes. Sansa no es más que una niña.
— También Rhaenys era una niña. La hija del príncipe Rhaegar. Una chiquilla adorable, más joven que vuestras hijas. Tenía un gatito negro al que llamaba Balerion, ¿ lo sabíais? A veces me pregunto qué sería de él. A Rhaenys le gustaba jugar a que era el verdadero Balerion, el Terror Negro de antaño, pero supongo que los Lannister le enseñaron enseguida la diferencia entre un gatito y un dragón, el día que derribaron su puerta.— Varys dejó escapar un suspiro de cansancio, el suspiro del hombre que carga sobre los hombros con todas las penas del mundo—. Una vez el Septon Supremo me dijo que el sufrimiento es el precio que pagamos por nuestros pecados. Si eso es cierto, decidme, Lord Eddard... ¿ por qué son siempre los inocentes los que más sufren cuando vosotros, los grandes señores, jugáis al juego de tronos? Meditadlo mientras esperáis a la reina. Y meditad también sobre esto: el próximo visitante puede traeros pan, queso, y leche de la amapola que os alivie el dolor... o puede traeros la cabeza de Sansa.
» Mi querido Lord Mano, la decisión es sólo vuestra.
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