canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | 页面 341
literatura fantástica
Juego de tronos
—Vino —le respondió una voz. No era el hombre con cara de rata; aquel carcelero era más
bajo, más grueso, aunque llevaba la misma capa corta de cuero y el casco con punta de acero—.
Bebed, Lord Eddard. —añadió, y puso un pellejo de vino en las manos de Ned.
La voz le resultaba extrañamente familiar, pero Ned Stark tardó unos momentos en situarla.
—¿Varys? —dijo al final, inseguro. Tocó el rostro del hombre—. Esto no... no lo estoy
soñando. Estáis aquí. —Las mejillas regordetas del eunuco estaban cubiertas por una barba oscura y
descuidada. Ned palpó e ' pelo tosco con los dedos. Varys se había transformado en un carcelero
canoso, que apestaba a sudor y a vino agrio—. ¿Cómo habéis... qué clase de mago sois?
—Un mago sediento —dijo Varys—. Bebed, mi señor.
—¿Es el mismo veneno que mató a Robert? —preguntó Ned palpando el pellejo.
—Me ofendéis —respondió Varys con tristeza—. Qué cierto es que nadie quiere a un eunuco.
Dadme ese pellejo. —Bebió un buen trago, un hilillo de vino tinto le corrió por la comisura de la boca
regordeta—. No es tan bueno como el que me ofrecisteis la noche del torneo, pero tampoco resulta
más venenoso que la mayoría —concluyó al tiempo que se secaba los labios—. Tomad.
—Posos —dijo Ned después de pegar un trago. Sentía como si estuviera a punto de vomitar.
—Todo hombre debe probar lo dulce con lo amargo. Los grandes señores y los eunucos, todos
por igual. Ha llegado vuestra hora, mi señor.
—Mis hijas...
—La pequeña escapó de Ser Meryn y consiguió huir —le dijo Varys—. No he podido
encontrarla. Los Lannister tampoco. Es una buena noticia, nuestro nuevo rey no le tiene demasiado
afecto. Vuestra hija mayor sigue siendo la prometida de Joffrey. Cersei la vigila de cerca. Acudió a la
corte hace unos días para suplicar que fueseis perdonado. Lástima que no la oyerais, resultó
conmovedora. —Se inclinó hacia él y lo miró con atención—. Supongo que sabéis que sois hombre
muerto, Lord Eddard.
—La reina no me matará —replicó Ned. La cabeza le daba vueltas. El vino era fuerte, y
llevaba demasiado tiempo sin comer—. Cat... Cat tiene a su hermano...
—No tiene al hermano adecuado —suspiró Varys—. Y, de cualquier manera, ya no está en su
poder. Dejó que el Gnomo se le escapara de entre los dedos. Supongo que ya estará muerto, en
cualquier lugar de las Montañas de la Luna.
—Si eso es cierto, cortadme la garganta y acabemos ya de una vez. —Estaba mareado por el
vino, agotado, y triste.
—Vuestra sangre es lo último que deseo.
—Cuando mataron a mis guardias estabais junto a la reina —dijo Ned con el ceño fruncido—,
y os limitasteis a mirar sin decir nada.
—Volvería a hacerlo. Creo recordar que también estaba desarmado, sin armadura y rodeado
de espadas Lannister. —El eunuco lo miró con curiosidad, inclinando la cabeza a un lado—. Cuando
era joven, antes de que me mutilaran, viajé por las Ciudades Libres con una compañía de comediantes.
Me enseñaron que cada hombre tiene su papel en la vida,
igual que en las comedias. Así es la corte. La Justicia del Rey debe ser temible, el jefe de la
moneda debe ser frugal, el Lord Comandante de la Guardia Real debe ser valiente... y el jefe de los
rumores debe ser taimado, obsequioso y carecer de escrúpulos. Un informador valeroso sería tan inútil
como un guerrero cobarde. —Volvió a coger el pellejo de vino, y bebió otro trago.
—¿Me podéis sacar de este agujero? —Ned escrutó el rostro del eunuco, en busca de la verdad
oculta bajo las cicatrices falsas y la barba postiza. Probó un poco más de vino. Le entró con mayor
facilidad.
—Puedo, pero... ¿lo haré? No. Habría muchas preguntas, y las respuestas apuntarían en mi
dirección.
—Sois franco. —Había sido la respuesta que Ned esperaba.
—Un eunuco no tiene honor, y una araña no puede permitirse el lujo de los escrúpulos, mi
señor.
—Al menos, ¿querréis llevar un mensaje de mi parte?
—Eso dependerá del mensaje. Si lo deseáis os proporcionaré papel y pluma. Escribiréis lo que
queráis, luego yo cogeré la carta, la leeré, y la entregaré o no, según convenga a mis fines.
—Vuestros fines. ¿Cuáles son, Lord Varys?
—La paz —replicó Varys sin titubear—. Si había alguien en Desembarco del Rey que
intentara por todos los medios mantener con vida a Robert Baratheon, ése era yo. —Suspiró—.
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