canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 322

literatura fantástica Juego de tronos Se quedó mirando hasta que las ascuas se convirtieron en cenizas. Algunas chispas flotaron en torno a los huevos, y el calor dibujaba ondulaciones sobre ellos. Nada más. «Vuestro hermano Rhaegar fue el último dragón», le había dicho Ser Jorah. Dany contempló los huevos con tristeza. ¿Qué había esperado? Los huevos habían estado vivos hacía mil años, pero ya no eran más que piedras hermosas. De ellos no saldría jamás un dragón. Un dragón era aire y fuego. Carne viva, no piedra muerta. Cuando Khal Drogo regresó, el brasero volvía a estar frío. Cohollo llevaba por las riendas un caballo cargado con el cuerpo de un gran león blanco. Las estrellas empezaban a brillar en el cielo. El khal se bajó de su semental entre carcajadas y mostró a Dany los arañazos en la pierna, allí donde las garras del hrakkar habían traspasado el tejido de las polainas. —Te haré una capa con su piel, luna de mi vida —juró. Las risas cesaron cuando Dany le contó lo que había sucedido en el mercado. Khal Drogo se quedó en silencio. —Este envenenador ha sido el primero —le advirtió Ser Jorah Mormont—, pero no será el último. Muchos hombres arriesgarían lo que fuera por un título de lord. —Ese vendedor de venenos huyó de la luna de mi vida —dijo al final Drogo, después de estar un rato en silencio—. Ahora correrá tras ella. Eso hará. Jhogo, Jorah el Ándalo, a cada uno de vosotros os digo esto, elegid cualquiera de mis caballos, y será vuestro. Cualquiera excepto el mío y la plata que fue mi regalo a la luna de mi vida. Eso os obsequio por lo que habéis hecho. »Y a Rhaego hijo de Drogo, el semental que montará el mundo, a él también le prometo un regalo. A él le entregaré esa silla de hierro en la que se sentaba el padre de su madre. A él le entregaré los Siete Reinos. Eso haré yo, Drogo, khal. —Alzó la voz y levantó el puño hacia el cielo—. Llevaré mi khalasar hacia el oeste, adonde termina el mundo, montaré en los caballos de madera que cruzan el agua de sal negra, como ningún otro khal ha hecho antes. Mataré a los hombres de los vestidos de hierro y derribaré sus casas de piedra. Violaré a sus mujeres, tomaré a sus hijos como esclavos, y traeré sus dioses a Vaes Dothrak para que se inclinen bajo la Madre de las Montañas. Lo juro yo, Dr