canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 320
literatura fantástica
Juego de tronos
—Mi hijo ya tiene nombre, pero probaré vuestro vino veraniego —dijo Dany, sonriente,
en valyriano, en el valyriano que se hablaba en las Ciudades Libres. Las palabras le salieron con
dificultad, hacía mucho tiempo que no hablaba el idioma—. Sólo un traguito, si sois tan amable.
Seguramente el mercader la había tomado por dothraki, en vista de las ropas que llevaba,
el pelo aceitado y la piel bronceada por el sol. La miró, atónito.
—Mi señora, ¿sois... de Tyrosh? ¿Es posible?
—Puede que hable como los tyroshis, y que mi atuendo sea dothraki, pero soy occidental,
de los Reinos del Poniente —le respondió Dany.
—Tenéis el honor de hablar con Daenerys de la Casa Targaryen —dijo Doreah
adelantándose hasta situarse junto a ella—, Daenerys de la Tormenta, khaleesi de los jinetes y
princesa de los Siete Reinos.
—Princesa —dijo el comerciante de vinos poniéndose de rodillas e inclinando la cabeza.
—Levantaos —le ordenó Dany—. Sigo queriendo probar ese vino veraniego del que
hablabais.
—¿Ése? —El hombre se levantó—. Una porquería de Dorne. No es digno de una princesa.
Tengo un tinto seco del Rejo, tostado y delicioso. Permitid que os lo regale.
—Me honráis, ser —murmuró con voz dulce. En las visitas de Khal Drogo a las Ciudades
Libres, su esposo se había aficionado a los buenos vinos, y sabía que aquella cosecha tan noble lo
complacería.
—El honor es mío. —El comerciante rebuscó en la parte trasera del tenderete, y volvió
con un barrilito de roble. Llevaba grabado en fuego un racimo de uvas—. El blasón de los
Redwyne —dijo—, del Rejo. No hay bebida mejor.
—Khal Drogo y yo lo tomaremos juntos. Aggo, pon esto en mi litera, por favor. —El
comerciante de vinos sonrió de oreja a oreja cuando el dothraki cogió el barrilito.
Dany no se dio cuenta de que Ser Jorah había regresado hasta que oyó su voz.
—No. —Tenía un tono extraño, brusco—. Aggo, deja ese barril aquí. —Aggo miró a
Dany. Ella asintió, titubeante. —¿Sucede algo, Ser Jorah? —Tengo sed. Ábrelo, mercader.
—El vino es para la khaleesi, ser —replicó el comerciante con el ceño fruncido—, no para
personas como vos.
—Si no lo abres ahora mismo —dijo Ser Jorah acercándose más al puesto—, lo abriré yo.
Con tu cabeza. —No llevaba armas, estaban en la ciudad sagrada, sólo tenía sus manos... pero con
las manos le bastaba: eran grandes, duras, peligrosas, con los nudillos cubiertos de vello negro. El
mercader titubeó un momento, cogió el martillo y rompió el tapón del barrilito—. Sirve —ordenó
Ser Jorah.
Los cuatro jóvenes guerreros del khas de Dany se situaron tras él, con el ceño fruncido, y
lo miraron fijamente con los ojos oscuros y almendrados.
—Sería un crimen beber un vino como éste sin dejar que se airease —dijo el comerciante
de vinos que no había soltado aún el martillo.
—Haz lo que dice Ser Jorah —ordenó Dany. Jhogo se había llevado la mano al látigo,
pero ella lo detuvo con un leve toque en el brazo. La gente empezaba a pararse para mirar.
—Como ordene la princesa —dijo el hombrecillo dirigiéndole una mirada rápida y hosca.
Tuvo que soltar el martillo para coger el barrilito. Sirvió dos vasitos de cata diminutos, con tanta
habilidad que no se derramó ni una gota.
Ser Jorah cogió uno y olfateó el vino con el ceño fruncido.
—Dulce, ¿eh? —comentó el mercader con una sonrisa—. ¿Captáis el olor afrutado, ser? Es el
perfume del Rejo. Probadlo, mi señor, y decidme si no es el mejor vino, el más delicioso que haya
llegado a vuestra boca.
—Pruébalo tú primero —dijo Ser Jorah ofreciéndole el vaso.
—¿Yo? —El hombrecillo se echó a reír—. Yo no soy digno de una cosecha como ésta, mi
señor. Y mal comerciante de vinos es aquel que bebe sus mejores caldos. —Su sonrisa era amistosa,
pero Dany vio que tenía la frente perlada de sudor.
—Vas a beber —dijo Dany, fría como el hielo—. Apura el vaso, o diré que te sujeten mientras
Ser Jorah te vacía el barril entero en el gaznate.
El vendedor de vinos se encogió de hombros, extendió la mano para coger el vaso... y en su
lugar agarró el barrilito, y lo lanzó contra ella con todas sus fuerzas. Ser Jorah se tiró contra ella para
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