canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 300

literatura fantástica Juego de tronos

JON

— Othor— anunció Ser Jaremy Rykker—, no cabe duda. Y éste era Jafer Flores.— Dio la vuelta al cadáver con la bota, y el rostro muerto, muy blanco, quedó mirando hacia el cielo encapotado con unos ojos muy, muy azules—. Los dos eran hombres de Ben Stark.
« Hombres de mi tío— pensó Jon, afectado. Recordaba cómo le había suplicado que lo llevara con él—. Dioses, qué novato era yo. Si me hubiera llevado, quizá ahora estaría tendido aquí...»
El brazo derecho de Jafer terminaba en un muñón destrozado de carne desgarrada y hueso astillado, fruto de las fauces de Fantasma. La mano derecha flotaba en un frasco de vinagre, en la torre del maestre Aemon. La mano izquierda seguía en su sitio, al final del brazo, pero estaba tan negra como su capa.
— Los dioses se apiaden de nosotros— murmuró el Viejo Oso. Se bajó de la yegua y le tendió las riendas a Jon. La mañana era extrañamente calurosa; la frente amplia del Lord Comandante estaba perlada de sudor, como rocío sobre un melón. La yegua estaba nerviosa, giraba los ojos y se alejaba de los cadáveres tanto como le permitía la longitud de las riendas. Jon la llevó unos pasos más atrás, tratando de que no escapara. A los caballos no les gustaba aquel lugar. A Jon tampoco.
A los perros les gustaba aún menos. Fantasma había guiado a la partida hasta allí; los sabuesos habían resultado inútiles. Cuando Bass, el encargado de las perreras, intentó que siguieran el rastro de la mano cortada, se pusieron como locos, aullaron, ladraron, trataron de escapar. Y en aquel momento gruñían a ratos, gimoteaban y tiraban de las correas, mientras Chett los maldecía por cobardes.
« No es más que un bosque— se decía Jon—, y no son más que cadáveres.» No era la primera vez que veía cadáveres...
La noche anterior había vuelto a tener el sueño sobre Invernalia. En él, recorría el castillo desierto en busca de su padre y bajaba a las criptas. Sólo que había llegado más lejos que nunca. En la oscuridad, oyó el susurro de la piedra al rozar contra la piedra. Se dio la vuelta y vio que los sepulcros se abrían, uno tras otro. Los reyes muertos empezaron a salir de las tumbas frías y negras, y Jon se despertó en medio de la oscuridad, con el corazón acelerado. Fantasma se levantó en la cama y le olisqueó el rostro, pero ni eso le quitó la sensación de profundo terror. No se atrevió a dormirse de nuevo. En vez de eso, subió al Muro y paseo inquieto hasta que vio la luz del amanecer en el este.
« No ha sido nada más que un sueño. Ahora soy un hermano de la Guardia de la Noche, no un chico asustadizo.»
Samwell Tarly estaba acurrucado bajo los árboles, medio escondido detrás de los caballos. Tenía el rostro del color de la leche cortada. Hasta el momento no se había adentrado en el bosque para vomitar, pero tampoco se había atrevido a echar un vistazo a los cadáveres.— No puedo mirar— gimoteó.— Tienes que hacerlo— le dijo Jon en voz baja para que los demás no lo oyeran—. El maestre
Aemon te envió para que fueras sus ojos, ¿ no? ¿ Y de qué sirven unos ojos si están cerrados?— Sí, pero... es que soy tan cobarde, Jon...— Nos acompañan una docena de exploradores— le dijo Jon poniéndole una mano en el hombro—, y también tenemos los perros, y aquí está Fantasma. Nadie te va a hacer daño, Sam. Venga, ven a verlo. El primer vistazo es el peor.
Sam asintió, tembloroso, y reunió todo su valor con un esfuerzo visible. Giró la cabeza muy despacio. Abrió los ojos de par en par, pero Jon le sujetó el brazo para que no se diera media vuelta.
— Ser Jaremy— dijo el Viejo Oso con voz áspera—. Ben Stark iba con seis hombres cuando partió del Muro. ¿ Dónde están los demás?— Eso querría saber yo.— Ser Jaremy sacudió la cabeza.— Dos de nuestros hermanos han sido asesinados delante del Muro— repuso Mormont; era obvio que no le gustaba la respuesta—, y tus exploradores no han visto ni oído nada. ¿ A esto se ha reducido la Guardia de la Noche? ¿ Seguimos explorando estos bosques?— Sí, mi señor, pero...—¿ Seguimos teniendo guardias montados?— Así es, pero...— Este hombre lleva un cuerno de caza.— Mormont señaló a Othor—. ¿ Debo dar por supuesto que murió sin hacerlo sonar? ¿ O es que todos tus exploradores se han vuelto sordos, además de ciegos?
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