canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 291
literatura fantástica
Juego de tronos
tenía casi un metro de ancho, el ventanuco era como un túnel en pendiente hacia arriba. Arya avanzó
serpenteando hasta salir a la luz del día. Cuando tuvo la cabeza al nivel del suelo, echó un vistazo
hacia el otro lado del patio, en dirección a la Torre de la Mano.
La recia puerta de madera estaba rota, hecha astillas, como si la hubieran derribado a
hachazos. Sobre los peldaños había un hombre caído de bruces, muerto, con la capa arrugada bajo el
cuerpo y la espalda de la cota de mallas empapada de rojo. Horrorizada, vio que la capa del cadáver
era de lana gris ribeteada con seda blanca. No sabía quién era.
—No —susurró. ¿Qué sucedía? ¿Dónde estaba su padre? ¿Por qué habían ido a buscarla los
capas rojas? Recordó lo que había dicho el hombre de la barba amarilla, el día que vio a los
monstruos: «Si una Mano puede morir, ¿por qué no otra?». Se le llenaron los ojos de lágrimas.
Contuvo el aliento para escuchar. Oyó los sonidos de la lucha, gritos, alaridos y el clamor del acero
contra el acero, que salía por las ventanas de la Torre de la Mano.
No podía entrar allí. Su padre...
Arya cerró los ojos. Durante un momento, el miedo la paralizó. Habían matado a Jory, a Wyl,
a Heward y al guardia de las escaleras, fuera quien fu