canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 267
literatura fantástica
Juego de tronos
DAENERYS
El corazón humeaba en el aire fresco del anochecer. Khal Drogo lo puso ante ella, crudo y
sangriento. Tenía los brazos rojos hasta el codo. Tras él, sus jinetes de sangre estaban de rodillas en la
arena ante el cadáver del semental salvaje, con los cuchillos de piedra todavía en las manos. La sangre
del caballo parecía casi negra a la luz anaranjada de las antorchas que bordeaban las altas paredes
calizas del pozo.
Dany se tocó la suave hinchazón del vientre. El sudor le perlaba la piel y le corría por el
entrecejo. Sentía las miradas de las ancianas, las viejas de Vaes Dothrak, de unos ojos que brillaban
negros como el pedernal en los rostros arrugados. No debía titubear, ni parecer asustada. «Soy de la
sangre del dragón», se dijo al tiempo que cogía el corazón del semental con las dos manos, se lo
llevaba a la boca y clavaba los dientes en la carne dura y fibrosa.
La sangre caliente le llenó la boca y le corrió por la barbilla. El sabor estuvo a punto de
provocarle arcadas, pero se obligó a masticar y a tragar. El corazón de un semental haría que su hijo
fuera fuerte, rápido y arrojado, o eso creían los dothrakis. Pero sólo si la madre se lo conseguía comer
entero. Si se atragantaba con la sangre o vomitaba por la carne, los presagios no serían tan favorables.
El niño podría nacer muerto, o débil, o deforme, o hembra.
Sus doncellas la habían ayudado a prepararse para la ceremonia. Pese a que durante las dos
últimas lunas había tenido nauseas, Dany había comido cuencos de sangre medio cuajada para
aco