canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 253
literatura fantástica
Juego de tronos
—Tengo... tenía... tenía una cervecería, mi señor, en Sherrer, junto al puente de piedra. La
mejor cerveza al sur del Cuello, lo dice todo el mundo, con vuestro permiso, mi señor. Ahora ya no
existe, mi señor, ha desaparecido, igual que el resto. Vinieron, bebieron hasta hartarse y derramaron el
resto. Luego prendieron fuego al techo y también habrían derramado mi sangre si me hubieran
atrapado, mi señor.
—Nos quemaron las casas —dijo un granjero junto a él—. Llegaron a caballo en la oscuridad,
venían del sur, y prendieron fuego a los campos y a las casas, mataron a todo el que intentó detenerlos.
Pero no eran ladrones, mi señor, no querían robarnos el ganado ni nada de eso, mataron a mi vaca
lechera y la dejaron allí, para que se la comieran las moscas y los cuervos.
—Arrollaron a mi aprendiz —intervino un hombre achaparrado con músculos de herrero y la
cabeza vendada. Se había puesto sus mejores ropas para acudir a la corte, pero llevaba los calzones
manchados y la capa polvorienta—. Lo persiguieron a caballo por los campos, jugaron con él, lo
pinchaban con las lanzas y se reían como si fuera un juego, el chico no hacía más que gritar y caerse, y
al final uno lo traspasó.
La muchacha que seguía de rodillas movió la cabeza para alzar la vista hacia Ned, en el trono.
—También mataron a mi madre, Alteza. Y a mí me... a mí me... —Su voz se quebró, como si
hubiera olvidado lo que estaba a punto de decir. Empezó a sollozar. Ser Raymun Darry reanudó el
relato.
—En Wendish la gente intentó refugiarse en el fortín, pero las paredes eran de madera. Los
jinetes amontonaron paja contra ellas y los intentaron quemar vivos. Cuando los habitantes de
Wendish abrieron las puertas para escapar del fuego, los mataron con flechas a medida que salían,
incluso a las mujeres con niños de pecho.
—Qué espanto —murmuró Varys—. ¿Hasta dónde puede llegar la crueldad del hombre?
—A nosotros nos habrían hecho lo mismo, pero el fortín de Sherrer es de piedra —dijo Joss—
. Algunos querían hacernos salir con humo, pero el grande dijo que había fruta más madura río arriba,
así que se fueron a Vado del Titiritero.
Ned sintió el acero frío contra los dedos al inclinarse hacia adelante. Entre cada dos dedos
había una hoja, las puntas de espadas retorcidas sobresalían como garras de los brazos del trono. Pese
a los tres siglos transcurridos desde que fuera forjado, algunas seguían afiladas y cortantes. El Trono
de Hierro estaba lleno de trampas para cazar al incauto. Según decían las canciones, para hacerlo se
habían empleado mil espadas,
calentadas al rojo blanco en las forjas de Balerion, el Terror Negro. Los trabajos duraron
cincuenta y nueve días. El resultado fue aquella bestia negra, hecha de filos, púas y hojas de metal
afilado: una silla capaz de matar a un hombre, y que, según las leyendas, ya lo había hecho. Eddard
Stark e