canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 244

literatura fantástica
Juego de tronos
« Con tus medio hermanos— le recordó una vocecita interior—. Y con Lady Stark, que no te dará precisamente la bienvenida.» En Invernalia no había lugar para él; tampoco en Desembarco del Rey. Ni siquiera su madre lo aceptaba. Cada vez que pensaba en ella se ponía triste. ¿ Quién había sido su madre? ¿ Qué aspecto tuvo? ¿ Por qué la abandonó su padre? « Porque era una prostituta o una adúltera, idiota. Fue algo turbio, una deshonra; si no, ¿ por qué Lord Eddard se avergonzaba de hablar de ella?»
Jon Nieve dio la espalda al camino real para contemplar el Castillo Negro. Las hogueras quedaban ocultas tras una colina, pero el Muro estaba a la vista, blanco bajo la luz de la luna, vasto y frío, de horizonte a horizonte. Espoleó al caballo y regresó a casa. Fantasma apareció de nuevo en la cima de una loma y trotó junto al caballo. El hocico del lobo huargo estaba ensangrentado. Jon divisó el resplandor lejano de una lámpara en la Torre del Lord Comandante, y volvió a pensar en Samwell Tarly por el camino. Cuando llegó a los establos, ya sabía qué debía hacer.
Las habitaciones del maestre Aemon se encontraban en un pequeño torreón de madera, bajo las pajareras. El maestre, anciano y frágil, compartía las estancias con dos mayordomos jóvenes que atendían sus necesidades y lo ayudaban en sus obligaciones. Los hermanos comentaban en broma que le habían asignado los dos hombres más feos de la Guardia de la Noche; como estaba ciego, se ahorraba el tormento de verlos. Clydas era bajo, calvo y sin barbilla, y sus ojillos rosados parecían los de un topo. Chett tenía en el cuello una verruga del tamaño de un huevo de paloma, y el rostro enrojecido cubierto de forúnculos y espinillas. Quizá por eso tenía siempre aspecto de enfadado. Fue Chett quien abrió la puerta tras la llamada de Jon.— Tengo que hablar con el maestre Aemon— dijo el muchacho.— El maestre está en la cama, igual que deberías estar tú. Vuelve mañana, quizá pueda recibirte.— Empezó a cerrar. Jon bloqueó la puerta con la bota.— Tengo que hablar con él ahora mismo. Mañana será demasiado tarde.— El maestre no está acostumbrado a que lo despierten a medianoche.— Chett lo miraba con el ceño fruncido—. ¿ Sabes qué edad tiene?— La suficiente como para tratar a los visitantes con más cortesía que tú— replicó Jon—.
Pídele disculpas en mi nombre. No lo molestaría si no fuera importante.—¿ Y si me niego?— Si es necesario me quedaré aquí toda la noche.— Jon mantenía la bota firme en el umbral.— Espera en la biblioteca— dijo el hermano negro después de soltar un bufido, y abrir la puerta para que entrara—. Hay leña, enciende el fuego. No quiero que el maestre se resfríe por tu culpa.
Cuando Chett regresó con el maestre Aemon, los leños ya ardían alegremente. El anciano llevaba ropas de dormir, pero lucía en torno al cuello la cadena de eslabones, símbolo de su orden. Los maestres no se las quitaban ni para acostarse.— La silla junto al fuego será muy confortable— dijo al sentir el calor en el rostro. Cuando estuvo acomodado, Chett le cubrió las piernas con una piel y se situó de pie junto a la puerta.— Siento haberos despertado, maestre— dijo Jon Nieve.— No me has despertado— replicó el maestre Aemon—. He descubierto que, cuanto más viejo me hago, menos sueño necesito. Y soy muy, muy viejo. A menudo me paso la mitad de la noche con fantasmas, recordando cosas de hace cincuenta años como si hubieran sucedido ayer. El misterio de un visitante a medianoche es una distracción deliciosa. Así que dime, Jon Nieve, ¿ a qué se debe tu presencia aquí, a estas extrañas horas?
— Quiero pediros que Samwell Tarly sea retirado del entrenamiento y aceptado como hermano en la Guardia de la Noche.— Eso no es cosa del maestre Aemon— protestó Chett.— Nuestro Lord Comandante ha puesto el entrenamiento de los reclutas en manos de Ser Alliser Thorne— dijo el maestre con tono amable—. Como bien sabes, sólo él puede decir si un muchacho está preparado para hacer el juramento. ¿ Por qué acudes a mí?
— El Lord Comandante escucha vuestra opinión— respondió Jon—. Y los heridos y enfermos de la Guardia de la Noche están a vuestro cuidado.
—¿ Tu amigo Samwell está herido o enfermo?
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