literatura fantástica
Juego de tronos
se les saltaron las lágrimas. Marillion pulsó torpemente una cuerda del arpa nueva con los dedos rotos, para arrancarle una nota alegre. Hasta el viento que entraba por la Puerta de la Luna parecía silbar burlón. Los ojos acuosos de Lysa Arryn parecían inseguros. Tyrion supo que la había hecho titubear.— Es cierto, os asiste ese derecho.— Mi señora, os suplico que me concedáis el honor de ser el campeón de vuestra causa.— El caballero joven con la víbora verde bordada en el chaleco se había adelantado e hincado una rodilla en el suelo.
— Ese honor debe ser para mí— intervino el viejo Lord Hunter—. Por el afecto que profesaba a vuestro señor esposo, permitidme vengar su muerte.
— Mi padre sirvió fielmente a Lord Jon como Mayordomo Mayor del Valle— retumbó la voz de Ser Albar Royce—. Dejadme a mí que sirva a su hijo.
— Los dioses favorecen al hombre que defiende la causa justa— intervino Ser Lyn Corbray—, pero a menudo coincide con que es también el hombre que mejor maneja la espada. Y todos los presentes saben quién es el mejor— terminó con una sonrisa modesta.
Doce hombres más se levantaron para reclamar el honor, hablando todos a la vez. Tyrion suspiró, desalentando. No se había dado cuenta de que existían tantos desconocidos ansiosos por matarlo. Quizá su idea no había sido tan buena.
— Os doy las gracias a todos, señores— dijo Lady Lysa alzando la mano para pedir silencio—, igual que haría mi hijo si estuviera presente. No hay hombres en los Siete Reinos tan nobles y valerosos como los caballeros del Valle. Me gustaría poder concederos a todos el honor que me solicitáis. Pero sólo puedo elegir a uno.— Hizo un gesto—. Ser Varáis Egen, fuisteis la mano derecha de mi señor esposo. Seréis nuestro campeón. Ser Vardis había guardado silencio hasta aquel momento.— Mi señora— dijo en aquel momento, clavando una rodilla en el suelo—. Te ruego que encomiendes a otro esta carga, yo no la deseo. Ese hombre no es ningún guerrero. Fijaos bien en él. Se trata de un enano, de la mitad de mi tamaño, y con las piernas tullidas. Me avergonzaría asesinar a un hombre así, y llamarlo justicia. « Excelente », pensó Tyrion.— Estoy de acuerdo— dijo.— Vos fuisteis el que pidió este juicio por combate— repuso Lysa mirándolo.— Y ahora pido un campeón, igual que habéis hecho vos. Sé que mi hermano Jaime estará encantado de representarme.— Vuestro querido Matarreyes está a cientos de leguas de aquí— le espetó Lysa Arryn.— Enviadle un pájaro. No me importa esperar a que llegue.— Os enfrentaréis a Ser Vardis mañana.— Bardo— dijo Tyrion, volviéndose hacia Marillion—, cuando cantes tu balada sobre estos hechos, no te olvides de decir también cómo Lady Arryn negó al enano el derecho a tener un campeón. Que lo obligó a enfrentarse a su mejor guerrero, tullido, magullado y cojo como estaba.
—¡ No os niego nada!— chilló Lysa Arryn con la voz tensa por la irritación—. Elegid a un campeón, Gnomo... si creéis que habrá alguien dispuesto a morir por vos.
— Si no os importa, prefiero encontrar a alguien dispuesto a matar por mí.— Tyrion recorrió la sala con la mirada. Nadie se movió. Durante un largo instante, se preguntó si no habría cometido un error colosal. Y, en aquel momento, alguien avanzó desde el fondo de la sala.— Yo me batiré por el enano— anunció Bronn.
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