canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 227
literatura fantástica
Juego de tronos
Tyrion se estremeció. Aquello sí que era una sospecha desagradable. Quizá en los bosques
hubiera otras bestias, aparte del lobo huargo y el león. Y si era así, alguien lo estaba utilizando a él
como marioneta. Tyrion Lannister detestaba que lo utilizaran.
Tenía que salir de allí, y pronto. Sus posibilidades de enfrentarse a Mord y escapar eran entre
escasas y nulas, y nadie le iba a pasar a hurtadillas una cuerda de doscientos metros, así que tendría
que emplear todas sus dotes de convicción para salir libre. Era la lengua lo que le había metido en
aquella celda, así que la misma lengua tendría que sacarlo.
Tyrion se puso en pie como pudo, haciendo caso omiso del suelo en pendiente que parecía
tentarlo hacia el borde. Golpeó la puerta con el puño.
—¡Mord! —gritó—. ¡Carcelero! ¡Mord! ¡Quiero hablar contigo! —Tuvo que seguir llamando
diez minutos antes de oír el sonido de las pisadas. Retrocedió un segundo antes de que la puerta se
abriera de golpe.
—Haces ruido —gruñó Mord, con los ojos inyectados en sangre. Llevaba una ancha tira de
cuero enrollada en torno a la mano carnosa. «Nunca les demuestres que tienes miedo», se recordó
Tyrion. -—¿Cuántas ganas tienes de ser rico? —preguntó.
Mord lo golpeó. Fue un movimiento casi apático, con el revés de la mano, pero la tira de cuero
restalló contra el antebrazo de Tyrion. La fuerza del golpe lo hizo tambalear y el dolor lo obligó a
apretar los dientes.
—Nada de palabrería, enano —avisó Mord.
—Oro —dijo Tyrion, con una mueca a modo de sonrisa—. Roca Casterly tiene mucho oro...
¡ah! —El segundo golpe fue directo, y Mord le puso más ganas. El cuero restalló contra las costillas de
Tyrion y lo hizo caer de rodillas con un gemido. Se obligó a alzar la vista hacia el carcelero—. Hay un
dicho popular, Mord —añadió—. «Más rico que un Lannister...»
Mord gruñó. El cuero silbó de nuevo y acertó a Tyrion en el rostro. El dolor fue tan brutal que
no se dio cuenta de que caía, pero cuando abrió los ojos de nuevo estaba en el suelo de la celda. Le
zumbaba el oído y tenía la boca llena de sangre. Intentó apoyarse para incorporarse... y la mano sólo
encontró el vacío. Retiró el brazo más deprisa que si lo hubiera metido en agua hirviendo, e hizo todo
lo posible por no respirar. Había caído junto al borde, a escasos centímetros del azul.
—¿Dices algo más? —Mord agarró la tira de cuero con las dos manos y la hizo restallar. El
sonido hizo que Tyrion diera un salto. El carcelero se echó a reír.
«No me va a empujar al aire —se dijo Tyrion, desesperado, mientras se arrastraba para
alejarse del borde—. Catelyn Stark me quiere con vida, no se atreverá a matarme.» Se limpió la sangre
de los labios con el dorso de la mano, y sonrió.
—Eres duro, Mord. —El carcelero lo miró, sospechando una burla—. Un hombre tan fuerte
como tú me serí