literatura fantástica Juego de tronos
— Un enemigo muerto es el espectáculo más hermoso que existe— anunció.— Jon decía siempre que eres un cretino, Greyjoy— le espetó Robb—. Debería encadenarte en el patio para que Bran practicara su puntería contigo.— Tendrías que darme las gracias por salvarle la vida a tu hermano.—¿ Y si llegas a fallar?— replicó Robb—. ¿ Y si sólo lo hubieras herido? ¿ Y si en el último estertor le cortaba la garganta, y si le dabas a Bran? ¿ Y si ese hombre hubiera llevado coraza? No lo sabías, sólo le veías la capa, y por la espalda. ¿ Qué le habría pasado a mi hermano? ¿ Te paraste a pensarlo, Greyjoy?
La sonrisa de Theon se había esfumado. Se encogió de hombros, malhumorado, y empezó a desclavar las flechas del suelo, una a una. Robb miró a los guardias.—¿ Dónde estabais?— exigió saber—. Creía que nos seguíais de cerca. Los hombres se miraron entre ellos, alicaídos.— Y así era, mi señor— dijo Quent, el más joven, cuya barba era apenas una pelusilla castaña—. Pero antes nos detuvimos para esperar al asno del maestre Luwin, con perdón por la expresión, y luego él... la verdad...— Lanzó una mirada a Theon, y apartó la vista al momento, abochornado.— Vi un pavo— replicó Theon, molesto—. ¿ Cómo iba a saber que dejarías solo al chico? Robb volvió la mirada hacia Theon una vez más. No dijo nada, pero Bran nunca lo había visto tan enfadado. Por fin, se arrodilló junto al maestre Luwin.—¿ Es grave la herida de mi hermano?— Un simple arañazo— respondió el maestre. Mojó un paño en el arroyo para limpiar el corte—. Dos de ellos vestían el negro— dijo mientras lo hacía. Robb echó un vistazo al lugar donde Stiv yacía en el arroyo; las aguas agitaban los pliegues de la andrajosa capa negra.— Desertores de la Guardia de la Noche— dijo, sombrío—. Tenían que estar locos para acercarse tanto a Invernalia.— A veces no resulta fácil diferenciar la locura de la desesperación— señaló el maestre Luwin.—¿ Los enterramos, mi señor?— preguntó Quent.— Ellos no nos habrían enterrado a nosotros— replicó Robb—. Cortadles las cabezas, las enviaremos al Muro. El resto se quedará para los buitres.—¿ Y qué hacemos con ésta?— preguntó Quent apuntando a Osha con el pulgar. Robb se acercó a ella. La mujer le sacaba una cabeza de estatura, pero se dejó caer de rodillas ante él.— Perdonadme la vida, mi señor Stark, y seré vuestra.—¿ Mía? ¿ Para qué quiero yo a una desertora que rompe su juramento?— Yo no he roto ningún juramento. Stiv y Wallen escaparon del Muro, yo no. Los cuervos negros no admiten mujeres.— Échala a los lobos— recomendó a Robb Theon Greyjoy mientras caminaba hacia ellos con paso indolente. Los ojos de la mujer se clavaron en lo que quedaba de Hali y enseguida se apartaron. Se estremeció. Hasta los guardias parecían al borde de la náusea.— Es una mujer— replicó Robb.— Una salvaje— le informó Bran—. Dijo que me mantuvieran con vida para llevarme ante
Manee Rayder.—¿ Cómo te llamas?— preguntó Robb.— Osha, para servir a mi señor— murmuró ella con amargura.— Lo mejor será que la interroguemos— dijo el maestre Luwin levantándose. Bran vio que el rostro de su hermano reflejaba un inmenso alivio.— Buena idea, maestre. Wayn, átale las manos. Vendrá a Invernalia con nosotros... y vivirá o morirá, según qué nos cuente.
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