canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 215

literatura fantástica
Juego de tronos
Estaba disponiendo el último de los regalos, una capa de seda verde como la hierba con ribete gris que destacaría su cabello color plata, cuando llegó Viserys. Llevaba a rastras a Doreah, que tenía un ojo amoratado.
—¿ Cómo te atreves a enviarme a esta puta para que me de órdenes?— rugió al tiempo que lanzaba a la doncella contra la alfombra.— Sólo quería...— Su rabia cogió a Dany por sorpresa—. Doreah, ¿ qué le dijiste?— Perdonadme, khaleesi, lo siento mucho. Fui a verlo, como me dijisteis, y le dije que habíais ordenado que cenara contigo.— Nadie da órdenes al dragón— ladró Viserys—. ¡ Soy tu rey! ¡ Te tendría que haber enviado su cabeza! La joven lysena dejó escapar un gemido, pero Dany la tranquilizó con una caricia.— No tengas miedo, no te va a hacer daño. Por favor, hermano mío, perdónala, sólo ha cometido un error. Le dije que te pidiera que cenaras conmigo, si lo deseabas.— Lo cogió de la mano y lo llevó al otro extremo de la estancia—. Mira. Son para ti.—¿ Qué es eso?— Viserys frunció el ceño con desconfianza.— Ropas nuevas.— Dany sonrió con timidez—. Las he mandado hacer para ti.— Son harapos dothrakis— dijo su hermano mirándola despectivamente—. ¿ Ahora pretendes vestirme?— Por favor... son más frescos, y estarás más cómodo, y me pareció que... si vestías como los dothrakis...— Dany no sabía cómo expresarlo sin despertar al dragón.— Y luego querrás que me haga trenzas en el pelo.— No, yo no...—¿ Por qué era siempre tan cruel? Sólo pretendía ayudarlo—. No tienes derecho a llevar trenzas, aún no has conseguido ninguna victoria.
Era justo lo que no debía decir. La ira relampagueó en los ojos lilá-ceos de su hermano, pero no se atrevió a golpearla: las doncellas estaban delante, y los guerreros de su khas en el exterior. Cogió la capa y la olfateó.— Huele a estiércol. Igual la utilizo como manta para mi caballo.— Hice que Doreah la bordara especialmente para ti— dijo ella, dolida—. Son ropas dignas de un khal.
— Soy el Señor de los Siete Reinos, no un salvaje manchado de hierba con campanas en el pelo— le espetó Viserys. La agarró por el brazo—. Parece que lo has olvidado, zorra. ¿ Te crees que esa barriga gorda que tienes te protegerá si despiertas al dragón?
Le hacía daño en el brazo con los dedos, y por un momento Dany sintió que el niño que llevaba en sus entrañas aullaba ante su ira. Extendió la otra mano y cogió lo primero que encontró, el cinturón que había querido regalarle, una pesada cadena de medallones de bronce. Lo blandió con todas sus fuerzas. Le acertó de lleno en la cara. Viserys la soltó. Le corría la sangre por la mejilla, uno de los medallones le había hecho un corte.
— Tú eres el que parece olvidar algo— le dijo—. ¿ Es que no aprendiste nada aquel día, en la hierba? Márchate ahora mismo, o llamaré a mi khas para que te saque de aquí. Y reza para que Khal Drogo no se entere de esto, o te abrirá el vientre y te hará comer tus entrañas.
— Cuando tenga mi reino— contestó Viserys poniéndose en pie—, lamentarás lo que has hecho hoy, zorra.— Se marchó sin llevarse sus regalos, con la mano en la mejilla. La hermosa capa de seda estaba manchada de sangre. Dany se llevó a la cara el suave tejido y se sentó en las mantas con las piernas cruzadas.— Ya tenéis la cena preparada, khaleesi— anunció Jhiqui.— No tengo hambre— respondió Dany con tristeza. De pronto se sentía muy cansada—. Repartios la comida entre vosotras, y llevadle un poco a Ser Jorah.— Hizo una pausa—. Por favor, tráeme uno de los huevos de dragón— añadió al final.
Irri cogió el huevo de la cascara verde oscura. Las motas de bronce brillaron entre las escamas cuando le dio una vuelta entre las manos. Dany se tumbó de lado, se cubrió con la capa de seda y acunó el huevo en el hueco que quedaba entre su vientre hinchado y sus pechos pequeños y suaves. Le gustaba abrazar aquellos huevos. Eran muy hermosos, y a veces su simple proximidad la hacía sentir más fuerte, más valiente, como si pudiera absorber la energía de los dragones de piedra encerrados en su interior.
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