canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 206

literatura fantástica Juego de tronos —Lysa —dijo Catelyn—, si lo que crees de los Lannister es cierto, razón de más para que actuemos con presteza. Tenemos... —Delante del bebé, no —replicó Lysa—. Tiene un temperamento muy delicado. ¿A que sí, pequeñín? —El chico es el señor del Nido de Águilas y el Defensor del Valle —le recordó Catelyn— . Y no es momento para delicadezas. Ned cree que puede haber una guerra. —¡Cállate! —le gritó Lysa—. Estás asustando al niño. —El pequeño Robert miró a Catelyn por encima del hombro, y empezó a temblar. El muñeco se le cayó de las manos, y se apretó contra su madre—. No tengas miedo, mi pequeñín —susurró Lysa—. Mamá está aquí, nadie te hará daño. Se abrió la túnica y se sacó un pecho, blanco y pesado, con el pezón rojo. El niño lo aferró con ansiedad, enterró la cara en él y empezó a mamar. Lysa le acarició el pelo. Catelyn se había quedado muda. «Es el hijo de Jon Arryn», pensó, incrédula. Recordó a su hijo, a Rickon, de apenas tres años, tenía la mitad de la edad que aquel niño, pero cinco veces más temperamento. No era de extrañar que los señores del Valle estuvieran preocupados. Por primera vez, comprendió por qué el rey había querido apartar al niño de su madre, y dejarlo como pupilo con los Lannister... •—Aquí estamos a salvo —dijo Lysa. 1 —No seas estúpida —dijo Catelyn, cada vez más furiosa. No sabía si Lysa se había dirigido al niño o a ella—. Nadie está a salvo. Si piensas que porque te hayas escondido aquí los Lannister se van a olvidar de ti, cometes un error. —Aunque lograran cruzar las montañas con un ejército —replicó Lysa tapando la oreja del niño con una mano—, y pasar por la Puerta de la Sangre, el Nido de Águilas es inexpugnable. Tú misma lo has podido comprobar. No hay enemigo que pueda llegar aquí arriba. —No hay castillo inexpugnable. —Catelyn sintió deseos de abofetearla. Se dio cuenta de que el tío Brynden había intentado alertarla. —Éste, sí —insistió Lysa—. Todo el mundo lo dice. Sólo tengo un problema, ¿qué voy a hacer con ese Gnomo que me has traído? —¿Es un hombre malo? —preguntó el señor del Nido de Águilas. El pecho de su madre se le escapó de la boca. El pezón estaba enrojecido y húmedo. —Malo, muy malo —le dijo Lysa mientras se cubría—. Pero mamá no dejará que le haga nada al pequeñín. —Haz que vuele el hombre malo —pidió Robert, entusiasmado. —Puede que sí —murmuró Lysa acariciándole el pelo—. Puede que sea eso lo que haga. 206