canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 195

literatura fantástica
Juego de tronos
no eran más que el rastro de un animal en el bosque. Aún no había divisado a la bestia, aunque presentía que estaba allí, oculta, acechante, traicionera.
De repente se le ocurrió que debería regresar a Invernalia por mar. No tenía alma de marino, y en otras circunstancias habría preferido el camino real, pero si viajaba en barco podría detenerse en Rocadragón y hablar con Stannis Baratheon. Pycelle había enviado un cuervo con una carta muy cortés de Ned, en la que pedía a Lord Stannis que volviera a ocupar su asiento en el Consejo Privado. Pero no había llegado ninguna respuesta, y el silencio no hacía más que acentuar su desconfianza. Estaba seguro de que Lord Stannis conocía también el secreto por el que había muerto Jon Arryn. Con toda probabilidad, la verdad que buscaba lo estaría esperando en la antigua isla fortaleza de la Casa Targaryen.
« Y cuando la sepas, ¿ qué? Hay secretos que es mejor desconocer. Hay secretos demasiado peligrosos para compartirlos, incluso con aquellos a quienes se ama y en los que se confía.» Ned se enfundó la daga que le había llevado Catelyn. El cuchillo del Gnomo. ¿ Por qué habría querido el Gnomo matar a Bran? Para silenciarlo, de eso no cabía duda. ¿ Otro secreto, o una hebra diferente de la misma madeja?
¿ Y sería Robert parte de él? Jamás lo habría creído, pero tampoco habría creído que fuera capaz de ordenar el asesinato de mujeres y niños. Catelyn había intentado avisarlo. « Conocías al hombre, al rey no lo conoces de nada.» Cuanto antes se fuera de Desembarco del Rey, mejor. 541 al día siguiente partía algún barco rumbo norte, viajaría en él.
Hizo llamar de nuevo a Vayon Poole, y lo envió a los muelles para hacer indagaciones, con discreción pero con premura.
— Consigúeme el barco más veloz con el capitán más experto— dijo al mayordomo—. No me importa el tamaño de los camarotes, ni la calidad de la mercancía, mientras sea veloz y seguro. Quiero partir cuanto antes. Tan pronto hubo salido Poole, Tomard le anunció una visita.— Lord Baelish solicita veros, mi señor. Ned estuvo tentado de rechazarlo, pero se lo pensó mejor. Todavía no era libre. Hasta que lo fuera, debía seguir jugando según sus reglas.— Hazlo pasar, Tom. Lord Petyr entró en la habitación como si aquella mañana no hubiera pasado nada. Lucía una casaca de terciopelo color crema y plata, capa de seda gris y su habitual sonrisa burlona. Ned lo recibió con frialdad.—¿ Puedo preguntaros la razón de vuestra visita, Lord Baelish?— No os robaré mucho tiempo. He pasado de camino, voy a cenar con Lady Tanda. Empanada de lamprea y cochinillo asado. Esa mujer tiene intención de casarme con su hija pequeña, así que a su mesa se come siempre como si fuera fiesta. La verdad, antes me casaría con el cochinillo, pero eso no se lo voy a decir. Me encanta la empanada de lamprea.
— No seré yo quien os aparte de vuestras anguilas, mi señor— dijo Ned, con desdén gélido—. En estos momentos no se me ocurre nadie cuya compañía me resulte menos grata que la vuestra.
— Vamos, vamos, seguro que si lo intentáis de verdad se os ocurren unos cuantos nombres. Varys, por ejemplo. Cersei. O Robert. Su Alteza está muy, muy furioso. Cuando os marchasteis esta mañana, siguió dándole al tema un buen rato. Creo recordar que las palabras « insolente » e « ingrato » se pronunciaron varias veces.
Ned se negó a honrarlo con una respuesta. Tampoco ofreció un asiento a su invitado, pero, de todos modos, Meñique se sentó.
— Después de que salierais con tanta precipitación de la sala, me vi obligado a convencerlos para que no contrataran a los Hombres sin Rostro— siguió, despreocupado—. En lugar de eso, Varys hará correr discretamente el rumor de que el que liquide a la Targaryen será nombrado Lord.— Así que ahora concedemos títulos a los asesinos— dijo Ned, asqueado.— Los títulos salen baratos.— Meñique se encogió de hombros—. Los Hombres sin Rostro son caros. Seamos sinceros, yo he hecho más por esa chica que vos, con todo vuestro blablablá sobre el honor. Si un mercenario borracho con ansias de grandeza intenta matarla, probablemente hará una chapuza, y después el dothraki estará en guardia. Si hubiéramos enviado a los Hombres sin Rostro, ya podríais darla por muerta.
— Os sentáis en el Consejo— dijo Ned con el ceño fruncido—, habláis de mujeres feas y labios de acero, ¿ y esperáis que crea que intentabais proteger a la niña? ¿ Acaso pensáis que soy idiota?
— La verdad, sí— dijo Meñique con una carcajada.
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