canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 190

literatura fantástica Juego de tronos —No, ya te lo he dicho, estaba en las mazmorras, y había una pared secreta. Yo estaba cazando gatos, y entonces... —Frunció los labios. Si reconocía que había derribado al príncipe Tommen, su padre se iba a enfadar mucho con ella—. Y me colé por la ventana. Y allí estaban los monstruos. —Monstruos y magos —dijo su padre—. Menuda aventura, ¿eh? ¿Y dices que hablaban de malabarismos, y de juegos? —Sí—reconoció Arya—. Pero... —Seguro que eran artistas ambulantes, Arya —la interrumpió su padre—. Ahora mismo hay más de una docena de compañías en Desembarco del Rey, han venido a sacar beneficio de las multitudes que asistan al torneo. No sé qué harían esos dos en el castillo, quizá el rey les haya pedido que organicen un espectáculo. —No —dijo la niña sacudiendo la cabeza, obstinada—. No eran... —Y además, no deberías ir por ahí espiando a la gente, ni siguiendo a nadie. Tampoco me gusta que mi hija se cuele por ventanas y persiga gatos callejeros. ¿Has visto cómo estás, cariño? Tienes los brazos llenos de arañazos. Esto ya ha ido demasiado lejos. Dile a Syrio Forel que quiero hablar con él... Lo interrumpió un golpe repentino en la puerta. —Perdonad, Lord Eddard —dijo Desmond al tiempo que abría unos centímetros—, pero ha llegado un hermano negro, y suplica que lo recibáis. Dice que se trata de un asunto de gran urgencia. Pensé que querríais saberlo lo antes posible. —Mi puerta siempre está abierta para la Guardia de la Noche —respondió su padre. Desmond hizo pasar a un hombre encorvado y feo, de barba desaliñada y ropas sucias, pero su padre lo recibió con cordialidad y le preguntó su nombre. —Yoren, señor, a vuestro servicio. Os pido perdón por lo avanzado de la hora. —Hizo una reverencia a Arya—. Y éste debe de ser vuestro hijo. Se os parece mucho. —Soy una chica —replicó Arya, molesta. Si aquel viejo venía del Muro, sin duda habría pasado por Invernalia—. ¿Conoces a mis hermanos? —preguntó, nerviosa—. Robb y Bran están en Invernalia, y Jon en el Muro. Jon Nieve, él también está en la Guardia de la Noche, seguro que lo conoces, tiene un lobo huargo blanco con los ojos rojos. ¿Lo han nombrado ya explorador? Yo soy Arya Stark. —El viejo de las ropas malolientes le lanzó una mirada extraña, pero ella no podía dejar de hablar—. Cuando vuelvas al Muro, ¿le llevarás una carta mía a Jon? —¡Cuánto echaba de menos a su medio hermano en aquel momento! Él habría creído su historia acerca de las mazmorras, el gordo de la barba amarilla y el mago del casco de acero. —Mi hija tiende a olvidar sus modales —dijo Eddard Stark, con una sonrisa que suavizaba las palabras—. Te ruego que la perdones, Yoren. ¿Te envía mi hermano Benjen? —A mí no me envía nadie, mi señor, salvo el viejo Mormont. He venido a buscar hombres para el Muro, y en la audiencia con Robert me hincaré de rodillas y le suplicaré que nos ayude en estos momentos de necesidad; quizá el rey y su Mano tengan algo de basura en las mazmorras y quieran librarse de ella. De todos modos, bien se podría decir que Benjen Stark es el motivo de esta conversación. Por sus venas corre sangre negra, así que lo considero tan hermano mío como vuestro. He venido por él. He cabalgado tanto que mi yegua acabó al borde de la muerte, pero he dejado bien atrás a los demás. —¿Los demás? —Mercenarios, jinetes libres, gentuza así —escupió Yoren—. Abarrotaban la posada, y vi que captaban el olor. El olor de la sangre, o el olor del oro, que al final son lo mismo. Pero no todos se dirigían a Desembarco del Rey. Algunos galopaban hacia Roca Casterly, que está más cerca. Podéis estar seguro de que Lord Tywin ya habrá recibido la noticia. —¿Qué noticia? —Su padre tenía el ceño fruncido. —Una noticia que sería mejor transmitir en privado, mi señor —contestó Yoren mirando a Arya—. Disculpad mi atrevimiento. —Como quieras. Desmond, acompaña a mi hija a sus habitaciones. —La besó en la frente—. Mañana terminaremos nuestra charla. —No le habrá pasado nada malo a Jon, ¿verdad? —preguntó Arya a Yoren sin moverse—. Ni al tío Benjen. —Bueno, de Stark no tengo noticias, pero el chico, Nieve, se encontraba bien cuando partí del Muro. Ellos no son los que me preocupan. 190