canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 188
literatura fantástica
Juego de tronos
barba negra, llevaba una cota de mallas sobre las ropas de cuero, y del cinturón le colgaban una
daga y una espada corta. A Arya le resultaba extrañamente familiar.
—Si una Mano puede morir, ¿por qué no otra? —replicó el hombre que hablaba con
acento; lucía una barbita amarilla de dos puntas—. Ese baile ya lo has bailado, amigo mío.
Arya no lo había visto jamás, de eso estaba convencida. Era obeso hasta límites
repugnantes, pero caminaba con paso ligero y apoyaba su peso en las puntas de los pies, como
haría un danzarín del agua. Los anillos que lucía brillaban a la luz de la antorcha, eran de oro rojo
y plata blanca, con incrustaciones de rubíes, zafiros y ojos de tigre. Tenía al menos un anillo en
cada dedo, en algunos dos.
—Aquello fue entonces, y esto es ahora. Y esta Mano no es igual que la otra —dijo el
hombre de la cara marcada mientras se dirigían hacia el pasillo.
«Inmóvil como una piedra —se dijo Arya—, silenciosa como una sombra.» Los hombres,
deslumbrados por el resplandor de su antorcha, no la vieron pese a la escasa distancia.
—Es posible —dijo el de la barba de dos puntas, que se había detenido para recuperar el
aliento tras el largo ascenso—. Pero, sea como sea, necesitamos tiempo. La princesa está preñada. El
khal no hará nada antes de que nazca su hijo. Ya sabes cómo son estos salvajes.
El hombre de la antorcha empujó algo. Arya oyó una especie de retumbar. Desde el techo se
deslizó una enorme losa de roca que a la luz de la antorcha parecía de color rojo. El estrépito estuvo a
punto de hacerla gritar. Donde antes había estado la boca del pozo, sólo se veía piedra maciza.
—Pues si no hace algo pronto, será demasiado tarde —replicó el hombre gordo del casco de
acero—. Esto ya no es un juego para dos jugadores, si es que lo fue algun