canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 141
literatura fantástica
Juego de tronos
—¿Yo también puedo ser consejera de un rey, y construir castillos, y ser Septon Supremo? —
preguntó Arya inclinando la cabeza a un lado.
Ned le dio un beso en la frente.
—Tú te casarás con un rey, y gobernarás en su castillo, y tus hijos serán caballeros, y
príncipes, y señores, y quizá alguno sea Septon Supremo, sí.
—No —dijo la niña con una mueca—. Eso para Sansa.
Dobló la pierna derecha y siguió con sus ejercicios de equilibrio. Ned suspiró y se fue.
Una vez en sus habitaciones, se quitó las prendas de seda manchadas de sudor, cogió la
palangana que había junto a su cama y se echó agua fría por la cabeza. Alyn entró cuando se secaba la
cara.
—Ha venido Lord Baelish. Solicita una audiencia, mi señor —dijo.
—Acompáñalo a mis estancias —dijo Ned mientras cogía una túnica limpia, la del lino más
ligero que encontró—. Lo recibiré ahora mismo.
Cuando Ned llegó, Meñique estaba sentado junto a la ventana, observando el entrenamiento
con espadas de los caballeros de la Guardia Real, en el patio.
—Ojalá la mente del viejo Selmy fuera tan afilada como su espada —dijo con melancolía—.
Las reuniones del Consejo serían mucho más animadas.
—Ser Barristan es tan valiente y honorable como el que más en Desembarco del Rey. —Ned
había aprendido a respetar al anciano y canoso Lord Comandante de la Guardia Real.
—Y también pelma como el que más —puntualizó Meñique—, aunque seguro que hará un
buen papel en el torneo. El año pasado desmontó al Perro, y hace sólo cuatro que