canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 136
literatura fantástica
Juego de tronos
retorcidos y grotescos. Bran las oía murmurar entre ellas, con voces terribles de piedra. «No escuches
—se dijo—no escuches»; mientras no las escuchara estaría a salvo. Pero entonces las gárgolas se
soltaron de la piedra y empezaron a descender por la torre, hacia Bran, y éste supo que no estaba a
salvo.
—No he oído nada —sollozó mientras se le acercaban—. No he oído nada, no he oído nada.
—Se despertó sudoroso y sin aliento, perdido en la oscuridad, y vio una gran sombra que se cernía
sobre él—. No he oído nada —susurró, temblando de miedo.
—Hodor —dijo la sombra, y encendió la vela que había junto a la cama.
Bran suspiró aliviado.
Hodor le limpió el sudor con un pañuelo húmedo y caliente, antes de vestirlo con manos
hábiles y tiernas. Cuando llegó la hora, lo bajó al Salón Principal, donde ya habían instalado la gran
mesa sobre caballetes ante la chimenea. El puesto del señor, en la cabecera, quedó libre, pero Robb se
sentó a la derecha, y Bran frente a él. Aquella noche cenaron lechón asado, empanada de pichón y
nabos con mantequilla, y el cocinero había prometido panales de postre. Verano comía sobras de la
mano de Bran, mientras que, en un rincón, Viento Gris y Peludo se peleaban por un hueso. Los perros
de Invernalia ya no se atrevían a entrar en la
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estancia. Al principio a Bran le había parecido raro, pero ya se estaba acostumbrando.
Yoren era el mayor de los hermanos negros, así que el mayordomo lo había colocado entre
Robb y el maestre Luwin. El anciano despedía un olor acre, como si llevara mucho tiempo sin bañarse.
Arrancaba la carne con los dientes y rompía los huesos para chupar la médula. Se encogió de hombros
cuando le preguntaron por Jon Nieve.
—La pesadilla de Ser Alliser —gruñó.
Dos de sus compañeros se echaron a reír, y Bran no entendió nada. Pero cuando Robb se
interesó por su tío Benjen, el silencio de los hermanos negros le resultó ominoso.
—¿Qué pasa? —quiso saber.
—Las noticias son malas, señores —dijo Yoren limpiándose los dedos en el chaleco—, y es
cruel pagar así vuestra comida y hospitalidad, pero quien hace una pregunta debe poder soportar la
respuesta. Stark ha desaparecido.
—El Viejo Oso lo envió en busca de Waymar Royce —intervino otro de los hombres—, y ya
debería haber regresado.
—Hace demasiado tiempo —asintió Yoren—. Lo más probable es que haya muerto.
—Mi tío no ha muerto —dijo Robb Stark en voz alta, furiosa. Se levantó del banco y apoyó la
mano en la empuñadura de la espada—. ¿Me oís? ¡Mi tío no ha muerto!
Su voz resonó entre los muros de piedra, y de repente Bran tuvo mucho miedo.
El anciano Yoren alzó la vista hac