canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 130
literatura fantástica
Juego de tronos
canela. Mientras Doreah le cepillaba el pelo hasta que tuvo el brillo de hebras de plata, pensó en la
luna, en huevos y en fantasmas.
La cena consistió sencillamente en fruta y queso con pan frito, todo acompañado por una jarra
de vino mezclado con miel.
—Quédate a comer conmigo, Doreah —ordenó Dany y despidió a las otras doncellas. La
chica lysena tenía el pelo color miel, y ojos como el cielo en verano. Cuando estuvieron a solas, clavó
aquellos ojos en el suelo.
—Me honráis, khaleesi —dijo.
Pero no se trataba de un honor, sino de un servicio. Mucho después de que la luna brillara en
el cielo ellas seguían sentadas, hablando.
Aquella noche, cuando Khal Drogo entró en la tienda, Dany lo aguardaba. El hombre se
detuvo en la entrada y la miró sorprendido. Ella se levantó muy despacio y dejó caer al suelo las
prendas de seda con que dormía.
—Esta noche debemos salir afuera, mi señor —le dijo, porque los dothrakis creían que todo
hecho importante en la vida de un hombre debe tener lugar bajo el cielo abierto.
Khal Drogo la siguió al exterior. Las campanillas de su pelo tintineaban con suavidad. A
pocos metros de la tienda había una zona de hierba suave, y Dany lo hizo tenderse allí. Cuando él
intentó que se diera la vuelta, le apoyó una mano en el pecho.
No —dijo—. Esta noche quiero mirarte el rostro.
En el corazón del khalasar no hay intimidad. Dany sintió mil ojos clavados en ella mientras lo
desnudaba, oyó los murmullos cuando hizo las cosas que Doreah le había dicho que hiciera. No le
importaba. ¿Acaso no era la khaleesi? Los únicos ojos que importaban eran los de su esposo, y cuando
lo montó vio en ellos algo que no había visto jamás. Lo cabalgó con tanta fiereza como a la plata, y
cuando a Khal Drogo le llegó el momento del placer, gritó su nombre.
Estaban al otro lado del mar dothraki cuando Jhiqui pasó los dedos por la suave prominencia
que era el vientre de Dany.
—Lleváis un niño dentro, khaleesi —dijo.
—Lo sé —respondió Dany.
Era su decimocuarto día del nombre.
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