canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 129
literatura fantástica
Juego de tronos
Los esclavos le habían plantado la tienda a la orilla de una charca alimentada por el agua
de un riachuelo. Oyó voces roncas procedentes del palacio de hierba entrelazada, en la colina.
Pronto habría risas, eso significaría que los hombres de su khas estarían contando la historia de lo
sucedido aquel día entre la hierba. Cuando Viserys llegara cojeando, todo hombre, mujer y niño
del campamento sabría que era un caminante. En el khalasar no había secretos.
Dany dejó la plata al cuidado de los esclavos, y entró en la tienda. Las sedas la hacían
fresca y umbría. Justo cuando dejaba caer a sus espaldas la tela que hacía las veces de puerta, vio
un dedo de luz roja que parecía tocar sus huevos de dragón, al fondo de la tienda. Durante un
momento fue como si un millar de gotas de fuego escarlata le revolotearan ante los ojos.
Parpadeó, y desaparecieron.
«Piedra —se dijo—. No son más que piedra, hasta Illyrio me lo dijo, todos los dragones
han muerto.»
Acarició el huevo negro con la palma de la mano, recorrió con los dedos la curva de la
cáscara. La piedra estaba tibia. Casi caliente.
—El sol —susurró Dany—. Los ha calentado el sol por el camino.
Ordenó a sus doncellas que le preparasen la bañera. Doreah encendió una hoguera junto a la
tienda, mientras Irri y Jhiqui cogían la gran bañera de cobre (otro de los regalos de boda) de los
caballos de carga y acarreaban agua de la charca. Cuando el baño estuvo a punto, Irri la ayudó a entrar
y se metió en el agua con ella.
—¿Habéis visto alguna vez un dragón? —preguntó mientras Irri le enjabonaba la espalda y
Jhiqui le quitaba arena del pelo. Había oído decir que los primeros dragones llegaron procedentes de
oriente, de las Tierras Sombrías más allá de Asshai y las islas del mar de Jade. Quizá allí vivieran
todavía, en reinos extraños y salvajes.
—Ya no quedan dragones, khaleesi —dijo Irri.
—Murieron todos —corroboró Jhiqui—. Hace ya mucho, mucho tiempo.
Viserys le había dicho que los últimos dragones targaryanos habían muerto hacía un siglo y
medio, durante el reinado de Aegon III, al que llamaban el Veneno de Dragón. A Dany no le parecía
tanto tiempo.
—¿En todas partes? —preguntó decepcionada—. ¿Incluso en oriente?
La magia había muerto en occidente cuando cayó la Maldición sobre Valyria y las Tierras del
Largo Verano, y ni el acero fraguado con hechizos, ni los bardos de tormentas, ni los dragones
pudieron recuperarla, pero Dany siempre había oído decir que en oriente las cosas eran de otra manera.
Según las leyendas, en las islas del mar de Jade había mantícoras, los basiliscos infestaban las selvas
de Yi Ti, y los recitadores de hechizos, los brujos y los aeromantes practicaban sus artes abiertamente
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