El despertar.
Hace unos meses me encontré a un amigo que,
además de ser un fotógrafo muy creativo, es un experto en el tema de las redes sociales.
Ya se imaginarán que, si yo no tenía página web,
mucho menos cuentas en flicker, twitter o vimeo,
ni iphone o blackberry, a duras penas tenía una
cuenta de facebook y la verdad no tenía idea de
cómo usarla.
Yo sé que es de dar risa, pero les aseguro que hay otras personas que como yo, no encuentran su lugar en este tipo de relaciones
cibernéticas.
La cosa es que la plática con este amigo fue tan interesante y su argumento tan convincente que decidí abrir una galería en un
portal colectivo y quedé sorprendido del alcance de estas redes globales.
Lo primero que me sorprendió es que no habían pasado 3 minutos de que subí la primera foto cuando alguien en Canadá hizo
un comentario sobre dicha imagen. Esto no significaba que mi foto estaba destinada a romper ningún récord
de visitas o ganar un premio; no, lo interesante de esto es que en estas galerías
hay miles de personas conectadas todo el tiempo, lo que
significa una exposición masiva de material fotográfico.
Otra cuestión que llamó mi atención es la cantidad de
fotógrafos, de todas partes del mundo, que comparten sus
portafolios. Entonces pensé que esto va más allá de sólo
enseñar fotos, pues en una red de este tamaño hay buenas posibilidades de hacer nuevos clientes. En un mes me
llegaron dos ofertas de agencias en Londres con las que ya
estoy trabajando.
Este tipo de relaciones y oportunidades quizá son nada
nuevo para quienes están acostumbrados a este tipo de
galerías, pero para mí ha sido una experiencia muy interesante, pues además de todo es un viaje visual muy enriquecedor.
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