Bendito amor | Page 6

Carla estaba dolorida después de un procedimiento médico. Su madre trató de consolarla e insistió en que tomara los analgésicos. Por desgracia, Carla rechazó a su bienintencionada madre. Ella sabía que su actitud fue desagradable y degradante, pero se dijo: «La medicina puede hacer que cualquiera actúe en forma alocada. Mamá debería entenderlo». P alabras desagradables, falla en superar errores y rabietas. Carla experimentó sentimientos de culpa. Sin embargo, sintió que sus pretextos excusaban su necesidad de disculparse. Sabes, acciones como estas han destrozado relaciones. Una simple disculpa pudo haber cambiado mucho las cosas, pero significaba aceptar la responsabilidad por las propias acciones. ¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL PARA ALGUNAS DE NOSOTRAS RECONOCER Y DECIR; ME EQUIVOQUÉ? A menudo, nuestra renuencia a admitir malas acciones está ligada a nuestro sentido de autoestima. Admitir que estamos equivocadas se percibe como debilidad, revelaría nuestra imperfección. Podemos razonar: «Solamente las débiles confiesan. Las personas inteligentes tratan de mostrar que sus acciones son justificadas». La buena noticia es que podemos comprender estos patrones emocionales negativos, pero sin dejarnos encarcelar por ellos. La realidad es que todos somos pecadores; no existen adultos perfectos. Las mujeres sabias aprenden a romper los patrones dañinos de la infancia y aceptan la responsabilidad por sus propias fallas. La mujer necia, siempre está justificando su mala conducta. T e I nvito a L eer : C uando D ecir lo S iento N o es S uficiente • Editorial Portavoz • 5