¡BASTA YA! COLOMBIA: MEMORIAS DE GUERRA Y DIGNIDAD | Page 177

INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica
Ejército y la consolidación de la expansión acelerada del paramilitarismo por medio del terror generalizado sobre la población donde esta guerrilla hacía presencia. Este relativo estancamiento llevó a este grupo a concentrarse en algunas regiones de la zona nororiental y a algunos frentes aislados a asentarse en el Valle, Cauca y Nariño. Además, el eln sufrió procesos de disidencia, que condujo a varios de sus miembros tanto hacia la desmovilización como hacia posiciones más guerreristas. Tal fue el caso del Ejército Revolucionario Guevarista, que en un primer momento proclamaba su disidencia a raíz de los diálogos de paz de esta guerrilla con el Gobierno de Ernesto Samper, para luego desmovilizarse con el gobierno de Álvaro Uribe.
Estas evoluciones de los grupos armados hicieron que el año 2002 fuera el de mayor expansión geográfica del conflicto, que llegó a afectar a 561 municipios. 178 Sin dejar de afectar regiones tradicionalmente involucradas en las lógicas de la disputa armada, los diversos actores lograron, a partir de sus zonas tradicionales, proyectarse hacia zonas contiguas e involucrar, por medio de la consolidación de corredores estratégicos, nuevas regiones y localidades que no habían aparecido hasta el momento en el mapa del conflicto armado del país. En síntesis, en estos años la guerra se profundizó y erosionó la legitimidad de la salida política negociada, y se frustró el intento de sentar las bases para un proceso de negociación.
La persistencia del conflicto en antiguas regiones y la expansión a nuevas regiones conformaron dos grandes escenarios macrorregionales de guerra: el del norte del país, donde los paramilitares impusieron su hegemonía, y el del suroccidente, controlado tradicionalmente por las farc. Esos dos escenarios del conflicto desembocaron en la consolidación de varios corredores geográficos, es decir, varias regiones contiguas que resultaron centrales en las dinámicas militares y económicas de la guerra, en los cuales los grupos armados pretendieron definir la suerte de la guerra a escala nacional.
En este proceso, en el norte del país se intensificaron las acciones violentas de los paramilitares para afianzar el control de la población y el territorio en un proceso que venían adelantando desde mediados de los años ochenta. En esta zona, los grupos paramilitares que hicieron presencia y consiguieron el control total de muchas regiones, iniciaron en 1996 y 1997 una ofensiva para cercar, disminuir y neutralizar los corredores tradicionales de la guerrilla. En el norte y especialmente en la costa caribe, los paramilitares habían superado ya su versión vigilante— con su énfasis en el ámbito militar y territorial—, para convertirse entonces en un proyecto social, económico, muchas veces enfrentado al Estado central, ya fuera por reticencia y desconfianza frente a procesos de modernización institucional no“ consultados con las regiones”, o como reacción preventiva ante los posibles impactos de la negociación y las guerrillas. La dinámica del norte se concretó en regiones como el Catatumbo, los Montes de María y la Sierra Nevada de Santa Marta, con las masacres ya mencionadas.
Muy diferente fue la situación del sur del país. En esta macrorregión, las farc desplegaron buena parte de sus efectivos y fortaleza militar en desarrollo de los objetivos estratégicos trazados por la VII y VIII conferencias de esta organización.
El Estado se concentró en neutralizar ese accionar y ocasionalmente en realizar operativos militares sobre las retaguardias de las farc, que no implicaban mayores cambios en los controles territoriales de esta guerrilla. Luego, entre 1998 y 2002, los paramilitares comenzaron a disputar regiones que eran hasta hacía poco del control exclusivo de las guerrillas. Así decidieron concretar su expansión nacional hacia sus territorios de retaguardia en el sur del país, mediante una disputa por la cadena productiva de las economías regionales de la coca en un momento histórico en el que las farc tuvieron mayor injerencia en estas. En el Putumayo, esta disputa se evidenció con la masacre de El Tigre, realizada en enero de 1999, y en el Pacifico caucano y nariñense, con las masacres del Naya, en abril del 2001, y de Llorente, en noviembre del 2000.
178. cinep para gmh, Base de datos de Actores y dinámicas del conflicto( 1990-2009).
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