Autarquía tercer número- Democracia | Page 5

Foto por: Karina De Santiago
proponía Pierre Bourdieu, la escuela seguirá siendo el medio por el cual se reproduzca la injusta estratificación social que mantiene el status quo de los más privilegiados. Son, justamente, los sectores más privilegiados los que acceden a mejores oportunidades educativas que, en la mayoría de los casos, posibilita la ocupación de los escaños representativos de la estructura política y económica, aprenden el lenguaje y códigos que son necesario en esos escenarios. Y, en la mayoría de los casos, conservan un escaso flujo comunicativo con los sectores empobrecidos. Esa segregación, separación o estratificación de capas sociales presente también en los órganos oficiales de la endeble democracia mexicana, lacera nuestro, ya de por sí, frágil andamiaje institucional con el que se mantiene un orden aparente. La democracia representativa necesita de comités, elecciones y votaciones, asambleas ejidales, reuniones comunitarias, diálogos, discusiones, pláticas de sobremesa, acuerdos, grupos de protesta, marchas, movilizaciones, arte, expresión, sueños y utopías y tantas otras instancias y habilidades que nos impulsen a no conformarnos con el México en llamas que se nos impone ante nuestra mirada atónita. La verdadera democracia tendrá lugar cuando agrupaciones, asociaciones de vecinos, ciudadanos, grupos de padres de familia, sindicatos, organizaciones barriales y tantos otros colectivos se organicen para reconstruir las problemáticas concretos y habituales del transporte público, la vialidad, el alcoholismo, los problemas de salud, el alumbrado público, la seguridad vecinal, la contaminación del agua, así como los grandes problemas sistémicos de migración, desempleo, descuido del campo, urbanización, sustentabilidad, etc.
La escuela, como decía Iván Ilich durante los años sesentas, puede reproducir la injusticia estructural, es capaz de acrecentarla, puede separarnos entre clase sociales e incomunicarnos entre grupos con intereses antagónicos, puede aminorar nuestra imaginación y dejarnos en la superficialidad de nuestro pensamiento. No obstante, también la educación escolarizada es capaz de concientizar, coadyuvar a la emancipación de visiones mecanicistas y economicistas, generar espacios de resistencia a la ideología hegemónica; sin embargo, necesita de organización, diálogo, confrontación, disentimiento, experimentación y, sobre todo, un tremendo y creativo trabajo de formación a nuestro profesorado, que vaya más allá de la evaluación estandarizada. La democracia y la educación caminan por senderos aparejados y contiguos. Ambas necesitan de una cercanía para madurar y hacerse realidad más allá del discurso, las palabras y los ideales. Ahora es momento de replantearnos las políticas educativas que se han llevado adelante en los últimos años y, así, impulsar esfuerzos ciudadanos por transitar a un escenario de mayor equidad educativa, en el cual otros y otras tengan la fortuna de gozar de las oportunidades educativas que, hasta ahora, ostentan unos pocos. ▪
Mario Montemayor S. J.
Autarquía 5