En la India vivía una niña con nombre de Mirrah, que en árabe significa
“amargura” supuestamente así viviría
,
toda su vida, pero los astros anunciaban que sería un prodigio para la tierra; ella tenía solamente 10 años y sus
padres abandonaron la ciudad, para
vivir cerca del puerto de portugueses.
Un día llegó un barco con piratas los
cuales empezaron a desolar el lugar
y raptaron a Mirrah, despojándola de
todas sus joyas y lujos, después la llevaron a un lugar llamado Cochin, pero
escapó de ellos y llegó a una misión
jesuita donde la bautizaron como Catarina de San Juan.
lugar de entregarla a Diego Carillo.
La familia de Don Miguel Sosa la llamaba “chinita” una forma de llamar a
,
las sirvientas de cariño en ese entonces; Mirra o Catarina nunca supo leer
ni escribir, pero diseñaba bordados
maravillosos, además de cocinar platillos de esa época; siempre fue una
mujer hermosa, virtuosa, inteligente
y modesta, conservando su atuendo,
que es lo que la distinguía al lucirlo.
Al poco tiempo Don Miguel Sosa
muere y le da la libertad a Catarina
quedando libre y muy pobre, así es
cómo se queda a vivir en la Cuidad
de Puebla, la cual fue acogida en un
convento por Pedro Suárez, siempre
vestida con su indumentaria de saya,
manta y toca. Siendo muy humilde se
ganó la confianza tanto de los sacerdotes y de las personas, siendo muy
respetada e incluso venerada.
Los ladrones estaban muy atentos y
volvieron a capturarla, para después
entregarla a quién la llevaría a la Nueva España ahora conocido como México, la vendieron 10 veces más de su
valor, la entregaron a Miguel Sosa en
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