Argumentos Socialistas Nº 3 Noviembre - Diciembre 2013 | Page 50
de dominio por parte de los propietarios de los medios de producción, los cuales pueden
explotar a los trabajadores debido a la existencia de un gran “ejército de reserva”. La
estructura de las relaciones de producción correspondiente determina esencialmente lo
que Marx denomina “superestructura”: las obras e instituciones de pensamiento,
organización social y creación estética.
DETERMINACIÓN Y LIBERTAD HUMANA
Otra de las paradojas del Marxismo es que, por una parte, trata la dinámica social como
impulsada por fuerzas que se imponen a la voluntad humana; como una especie de física
social que resta relevancia a la libertad. La pertenencia a una clase determina
esencialmente el que uno actúe como explotador o explotado, y es y difícil que uno se
rebele contra su conciencia de clase. Además, la mayor parte de las instituciones y
creaciones sociales, suelen responder a los intereses de la clase dominante y a su
ideología. Así, tanto la estructura social como la cultura tienden a convertirse en
instrumentos de explotación.
Marx en otras ocasiones, formula hipótesis y
propuestas que implican la posibilidad de
elevar la conciencia y estimular la voluntad
de los trabajadores, en orden a su
emancipación.
Esa
dualidad
de
planteamientos
ha
dado
lugar
a
interpretaciones del Marxismo muy distintas,
entre los que se han llamado a veces
“marxistas humanistas” (como Lukács,
Gramsci, Sartre o Garaudy) y los
“antihumanistas” (el más explícito de los cuales fue Althusser). De todos modos, una y
otra vertiente del pensamiento de Marx, están engranadas hasta cierto punto, pues
nuestro autor convoca a la revolución, y al mismo tiempo las hipotesis antes citadas de
"fisica social" presentan la revolución como algo necesario, y de éxito esencialmente
asegurado. Aquí reside probablemente una de las claves fundamentales de las
innumerables adhesiones que ha provocado el Marxismo. A menudo se ha aludido al
trasfondo cultural judío de Marx como origen de su llamada a una nueva Tierra Prometida.
Por otra parte, Toynbee entendió el Marxismo como una herejía cristiana.
En la vertiente humanista del Marxismo, son de un gran interés sus reflexiones sobre el
valor del trabajo y la teoría de la alienación. Para Marx, el trabajo tiene una gran
potencialidad humanizadora. Es el gran medio para el desarrollo humano del trabajador, y
asimismo para contribuir a la satisfacción de necesidades humanas. También aporta otro
logro para la realización del trabajador, que es la creación: el modelado del mundo
exterior y la sociedad misma, a la medida del hombre.
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