ARDIENTE PACIENCIA - ANTONIO SKARMETA | страница 60
Danton, Robespierre, Charles de Gaulle, Jean Paul Belmondo, Charles
Aznavour, Brigitte Bardot, Silvie Vartan, Adamo, fueron tijereteados sin
clemencia por Mario Jiménez, de manuales de historia francesa o revistas ilustradas. Junto a un inmenso póster de París donado por la única
gerencia de turismo de San Antonio, donde un avión de la Air Frunce se
dejaba rasguñar por la punta de la tour Eiffel, la colección de recortes le
dio a las murallas de su habitación un distinguido acento cosmopolita.
Su vertiginosa francofilia era, sin embargo, mitigada por algunos objetos
autóctonos: un banderín de la Confederación Obrera Campesina
Ranquil, la efigie de la virgen del Carmen, defendida con dientes y muelas por Beatriz ante su amenaza de exilarla en la bodega, el «tanque»
Campos en una palomita gloriosa de los tiempos en que el equipo de fútbol de la Universidad de Chile era celebrado como «el ballet azul», el dr.
Salvador Allende terciado por la tricolor banda presidencial, y una hoja
arrancada del calendario de la editorial Lord Cochrane que detenía en el
tiempo su primera -y hasta entonces- prolongada noche de amor con
Beatriz González.
En este ameno decorado y tras meses de concienzudo trabajo, el
cartero grabó, espiando las sensibles ondulaciones de su Sony, el siguiente texto que reproducimos aquí tal cual lo oyó dos semanas más tarde
Pablo Neruda en su gabinete de París:
Un, dos, tres. ¿Se mueve la flecha? Sí, se mueve (carraspeo). Querido
don Pablo, muchas gracias por el regalo y por la carta, aunque hubiera
bastado la carta para hacernos felices. Pero la Sony es muy buena é
interesante y yo trato de hacer poemas diciéndolos directamente al
aparato y sin escribirlos. Hasta el momento nada que valga la pena. Me
demoré en cumplir su encargo, porque la isla Negra en esta época no
da abasto. Aquí se instaló ahora un campamento de vacaciones para
los obreros, y yo trabajo en la cocina de la hostería. Una vez por semana voy con la bicicleta hasta San Antonio y recojo un par de cartas
que llegan a los veraneantes. Nosotros estamos todos bien y contentos,
y hay una gran novedad de la que luego se dará cuenta. Apuesto que
ya se puso todo curioso. Siga oyendo sin hacer girar la casette más
adelante. Como no hallo la hora de que se entere de la buena noticia,
no voy a quitarle mucho de su precioso tiempo. Lo único que quería
decirle no más es qué cosas tiene la vida. Usted quejándose de que la
nieve le llega hasta las orejas, y fíjese que yo jamás de los jamases he
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