Aquí y Allá Apr. 2014 | Seite 42

dijera sus cositas… Si usted me lo permite me gustaría publicar fragmentos de su libro en el periódico… esos son los textos que este país necesita -decía Oveja convencido. Risas de hiena y muecas de Molière adentro de German. -Usted se da un aire al primo de Beatriz Viterbo… -irrumpió Pomares. -¿Beatriz Viterbo? Es un elogio para mí que encuentre similitudes entre tan alta pluma y este humilde redactor. Nada sorprendido, el literato llamó a uno de los meseros de Añil. De la bandeja tomó la botella, le rellenó la copa de tinto a Nacho Oveja y en tono comprensivo, como el del papá que aconseja al niño, le susurró al oído: “El periodismo no es bueno, ni malo. Es incorregible”. Un signo de interrogación apareció en medio de las cejas del periodista. -Usted debería conocer a Martin Mulligan. Su trabajo podría interesarle más que el mío. -Doblemente sorprendido, Oveja se plegó a las sugerencias del escritor. -Mire, él está por allá. -Señaló una de las esquinas de la galería-. Josefina, decile que venga. Titubeante, el poeta Mulligan tomó la mano de Fiorella y acudió al llamado de la fotógrafa. -Esa foto de esa mujer frente al Támesis… ¿Cómo obtengo una copia de esa foto?, -preguntó Martín. -No sabía que realmente le interesara mi trabajo ¿Primera vez que lo ve? -Sí… leí el anuncio de la exposición y vine. No pensé que encontraría una foto así. -¿Así cómo? -frunció el ceño Josefina -¡No, no, no! -objetó Pomares-. Si el poeta habla no se detendrá nunca, el propósito de -¡No