German saludó a la Kiesler.
-¡Preciosura! ¿Cómo está mi vedette favorita?
Josefina no muy convencida de aceptar el saludo, respondió defensiva.
-¿Cómo podría estar después de ser saludada por el payaso abominable del gremio?
Pomares complacido con la reacción y la boca empurrada para besar prosiguió.
-Amorcito, no es para que te alterés, vos sabés lo mucho que aprecio tu buena figura… los alemanes
deben sentirse orgullosos de tus curvas tropicales.
Ya acostumbrada a la pesadez del literato optó por presentarle al periodista farandulero Nacho Oveja.
-Vení German, quiero presentarte a alguien con quien te vas a divertir. -Lo jaló de la mano y lo condujo
a la puerta principal de Añil. Histriónico, Pomares simulaba ansiedad, actuaba grandilocuente y
escuchaba la vocecilla de Josefina Kiesler.
-Trabaja en el Diario Nacional. Te conviene conocerlo, tal vez podrías enseñarle tu trabajo. Él podría
publicarte. -German cerró los ojos y fingiendo suspiró de la emoción-. ¡Vamos, vamos que me muero
por conocerlo!
-Él es German Pomares. -Nacho Oveja sonrió cortés. Levantó la copa de vino con su mano derecha y
como todo periodista actualizado comentó el último libro de Pomares.
-La obsesión colonial de la vieja guardia me pareció una crítica fascinante a los poetas granadinos.
Seguramente muchos están en contra de su planteamiento; en lo personal, creo que es desafiante.
German lo observaba pensativo mientras sonreía como guasón. Este señor se quedó con la solapa,
pensó.
-Es que me parece magistral que rompa con el pasado, ya era hora que alguien les
-Es q