La medida plantea una pregunta que va más allá del recreo: ¿ cuánto de lo que comemos realmente depende de una decisión individual y cuánto de las opciones que tenemos alrededor? NO TODO DEPENDE DE“ ELEGIR BIEN” Cuando pensamos en alimentación saludable solemos recurrir a una recomendación aparentemente sencilla: elegir mejor. Comer más frutas y verduras, beber agua y disminuir productos con cantidades elevadas de azúcares, sodio o grasas. Pero existe otra parte de la historia. Para elegir algo, primero tiene que estar disponible. Ese principio está detrás de los lineamientos que regulan actualmente la preparación, distribución y venta de alimentos y bebidas dentro de las escuelas del Sistema Educativo Nacional. Las disposiciones buscan favorecer alimentos naturales o mínimamente procesados y restringen productos que no cumplen con los criterios nutrimentales establecidos para el entorno escolar.
LA ESCUELA TAMBIÉN ENSEÑA CUANDO LLEGA EL RECREO Un estudiante puede conocer perfectamente qué alimentos son recomendables y, aun así, encontrarse diariamente rodeado de opciones diferentes. Por eso, hablar de alimentación implica hablar también de entornos alimentarios: los espacios y circunstancias que influyen en qué alimentos encontramos, cuánto cuestan, qué tan accesibles son y cuáles terminamos consumiendo. En las escuelas mexicanas, los lineamientos actuales ponen énfasis en verduras, frutas, semillas y alimentos naturales, locales o de temporada. También promueven el consumo de agua simple potable y restringen dentro de los establecimientos escolares productos que presentan sellos o leyendas del sistema de etiquetado frontal cuando corresponden a los criterios establecidos en la regulación.
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