3. En tu trabajo hablas de diseñar negocios que permitan vivir mejor y no únicamente facturar más. ¿ Qué cambia en la mentalidad de una persona cuando comienza a ver su negocio como una herramienta para construir la vida que desea y no como el centro de toda su vida?
La mayoría de las personas construye primero el negocio y después descubre qué tipo de vida le alcanza con ese negocio: cuánto tiempo le sobra, cuánto dinero le queda, cuándo puede descansar y cuándo puede estar con su familia. Yo propongo hacerlo al revés. Primero diseñas un plan de vida. Decides qué quieres construir en tu salud, tus relaciones, tu familia, tu trabajo, tus hobbies y tu libertad de tiempo y dinero. Después construyes un negocio que funcione como vehículo para llegar a esa vida, no como sustituto de ella. Cuando haces ese cambio ocurre algo muy importante: tú vuelves a convertirte en el centro de tu vida; tu negocio deja de serlo. Y muchas veces eso también obliga a mirar lo que hemos sacrificado en el camino: salud, relaciones, tiempo con nuestros hijos, tiempo para nosotros mismos. También nos obliga a preguntarnos algo más incómodo: ¿ qué estaba intentando llenar con mi negocio? Porque a veces intentamos llenar con facturación, reconocimiento, crecimiento o trabajo algunos vacíos que ningún resultado empresarial puede llenar. Puedes seguir trabajando más, creciendo más y facturando más y continuar sintiéndote vacío. El negocio puede ser una extraordinaria herramienta para construir una vida. El problema comienza cuando
el negocio se convierte en tu vida.
4. Uno de los conceptos que compartes es el « termostato financiero ». Para alguien que nunca ha escuchado hablar de él, ¿ qué significa y de qué manera nuestras creencias sobre el dinero pueden influir en lo que somos capaces de generar, conservar o disfrutar?
Me gusta explicarlo con una habitación de hotel. En ella tienes un termómetro y un termostato. El termómetro mide la temperatura; el termostato la regula. Con el dinero nos han enseñado principalmente a utilizar el termómetro: cuánto ganas, cuánto gastas, cuánto tienes en tu cuenta, cuál es tu presupuesto. Todo
eso es importante, pero mide el resultado; no necesariamente explica qué lo está regulando. El termostato financiero representa ese nivel económico con el que, muchas veces de manera subconsciente, aprendimos a sentirnos cómodos, seguros o merecedores. Por ejemplo, imagina que alguien está acostumbrado a generar 2,000 dólares mensuales y un mes recibe 4,000 por un bono, un cliente extraordinario o un ingreso inesperado. Curiosamente, esos 2,000 adicionales muchas veces desaparecen: surge un gasto, una compra o una decisión que termina regresándolo prácticamente al mismo punto. También puede funcionar en sentido contrario: tiene un mal mes, cae muy por debajo de su nivel habitual y de pronto aparece una oportunidad que lo acerca nuevamente a donde estaba. No es magia. Son patrones de comportamiento. Detrás pueden existir creencias como: « no puedo ganar más que mis padres », « para ganar dinero tengo que trabajar muchísimo », « el dinero fácil no es merecido » o « no sabría manejar más dinero ». Por eso no basta con cambiar un presupuesto. Tenemos que identificar los paradigmas, hábitos y creencias que están influyendo en nuestras decisiones. Porque una cosa es cuánto dinero quieres tener conscientemente y otra muy diferente cuánto dinero estás preparado para generar, conservar y disfrutar sin sabotearte.
Aprendiendo 8