Tráfico, motores, construcciones, música, conversaciones, notificaciones y audífonos forman parte del paisaje sonoro cotidiano. Nos acostumbramos tanto al ruido que muchas veces dejamos de percibirlo conscientemente. Sin embargo, nuestro organismo continúa respondiendo a él. En ciudades cada vez más densas, encontrar un lugar tranquilo comienza a ser algo más que una preferencia: también puede ser una cuestión de salud. Hay sonidos que esperamos escuchar cuando salimos de casa. Un automóvil que pasa, una conversación en la banqueta, música proveniente de un negocio o el motor de una motocicleta. Por separado pueden parecer acontecimientos insignificantes. El problema aparece cuando uno termina y otro comienza, cuando el tráfico permanece durante horas o cuando incluso al cerrar la puerta de casa seguimos escuchando la ciudad.